martes, 13 de febrero de 2018

Y eso es AMOR. Eso es AMARTE


Dibujo de IMATE @imateburgos

Subo la persiana de mi ventana y…nieva, otro día mas…ya he perdido la cuenta de los días que hace que no veo el sol. De nuevo frío, malestar. El romanticismo con el que al principio miraba por la ventana se ha terminado. Ya no encuentro nada romántico en esta situación, no me gusta, me incomoda. Quiero salir a la calle sin tener que encoger los hombros, acelerar el ritmo, mirar al suelo para que se pase deprisa la distancia a recorrer hasta llegar a mi destino. No me importa lo que hay alrededor, no quiero saber nada de la gente con la que me cruzo, ni de la que viene detrás o pasa a mi lado. Sólo quiero llegar y que pasen los días de este invierno frío y desagradable. Quiero primavera, sol, luz, calorcito. 

Y pasan los días y así me siento. Enfadada, malhumorada por este tiempo de mierda. Si, sé que es necesario para la tierra, que año de nieves, año de bienes. Que quedan muy bonitas las fotos en el Facebook o el instagram  caminando por la nieve o tirada sobre ella…y ya me he cansado. Quiero que esto cambie, quiero que mi cuerpo se estire, quiero sentir la alegría, bienestar…

Y así, enfocada en estos días de invierno, en el frío de la calle, en lo incómodo que resulta a veces caminar por la nieve helada en las aceras, hago que pase el tiempo malhumorada, enfadada, asqueada, esperando a que mañana o pasado sea diferente y por fin el sol aparezca. 

El tiempo, no sé por qué pero se ha convertido en un elemento determinante de nuestro día a día. De las decisiones que tomamos, de los planes que hacemos, de cómo nos sentiremos el resto del día, porque a veces nos estropea los planes de hoy, después de que lo teníamos todo organizado…Y si te paras a pensar, no sólo el tiempo, también nos pasa con otras muchas cosas pequeñas del día a día a las cuales damos el poder y ponemos la etiqueta de “me ha estropeado el día” “con lo contenta que estaba hoy y tiene que pasar esto para que me amargue el día”…también nos pasa con personas: “mira que me tengo que encontrar con ella, definitivamente es una persona tóxica, no la soporto, me ha dejado hecha polvo” “hoy me he levantado optimista, con ganas de comerme el mundo, he llegado al trabajo y tener que aguantar la cara de pena del compañero de enfrente, es que estropea el día a cualquiera” 

También permitimos que la situación política, la sociedad injusta en la que vivimos, los políticos incompetentes, la avaricia de los que mandan, los desastres que nos muestran los telediarios, el sistema educativo obsoleto, etc. haga que nuestro día sea un asco, oscuro aunque por fin haya salido el sol y nos hacemos pequeñitos, incapaces de nada que no sea quejarnos y juzgar.

En definitiva, como no nos han contado(o no lo hemos querido escuchar) que nadie nos hace nada, que todo lo que nos ocurre es una plataforma para vernos, para observar nuestro sentir, nuestros pensamientos y cómo vivimos lo que nos está sucediendo…y a esto se llama madurez y responsabilidad, como esto no sabemos hacerlo, ponemos el foco fuera y responsabilizamos a los demás de nuestro sentir. 

Es más fácil echar balones fuera, culpar al tiempo, a la peluquera que me ha hecho un corte de pelo que no me gusta nada, al empleado de la tienda que ha cerrado a su hora y no ha tenido la decencia de esperar ni un minuto más de su hora, a mi amiga que hoy viene con cara de amargada, a las noticias de la tele, al atasco para ir al trabajo por culpa del pardillo ese que va delante…al insensible de mi marido o a mi jefe incompetente…es más fácil y cómodo buscar culpables, juzgar y vivir con la mirada siempre fuera y también es tan frustrante…en ese esfuerzo por no querer mirar hacia dentro, por buscar culpables a los que cargar con mi rabia, mi frustración, mi tristeza o mis miedos, no nos damos cuenta de que lo único que hacemos es perder toda nuestra energía (y la energía no se crea ni se destruye, se transforma ¿verdad?) en juzgar, mirar hacia fuera, desgastarnos, agotarnos. 

¿Y si cambiando el foco hacia nosotras/os esa energía se transformase en energía creadora para vivir desde otro lugar? ¿Y si resulta que cuando cambiamos el foco y miramos hacia dentro, comenzamos a ser conscientes del poder que tenemos? ¿y si al volver la mirada a nuestro sentir, acogerlo, sabiendo que tan sólo es un mensaje para mí, sin buscar culpables, más bien dando las gracias a toda situación o persona por interpretar esa obra para que yo me vea,  sin juicios, resulta que comienzo a sentir ese amor hacia mí que tanto tiempo llevaba buscando fuera? 

Dónde ponemos el foco es una elección. La actitud con la que decidimos vivir las cosas que nos suceden día a días, esas pequeñas cosas a las que reaccionamos a veces con tanta inmadurez (enfadándonos, refunfuñando, culpando al otro…) es una elección. Y esto es importante: si ante estas cosas pequeñas, nos desestabilizamos con tanta facilidad, no somos capaces de relativizar, observarnos (nuestro sentir, pensar) ¿cómo queremos o  pretendemos que ante las cosas que nos ocurran y que sean grandes de verdad o dolorosas, seamos resilientes? Es como creer que por haber leído libros sobre cómo escalar una roca, después de haber hecho un par de prácticas en un rocódromo, decidimos escalar el Everest y hacerlo como expertos escaladores. ¿No es absurdo? ¿No es bastante probable que vamos a sufrir y mucho? Pues así pasa en la vida. Es en lo pequeño, en las cosas de nuestro día a día donde hay que “entrenar”. Y sin embargo a esto no le damos importancia, creemos que leyendo libros, yendo a cursos sobre desarrollo personal, sentados en la silla escuchando, estamos preparados para lo que venga. Cuando llegue lo grande, sabremos responder. Pero en el día a día, se nos olvida la práctica, no le damos importancia a las pequeñas cosas de lo cotidiano.

 Foco y Actitud para no dejarte llevar, para verte en cada situación (por muy pequeña y cotidiana que sea) y aceptar tu sentir, lo que te pasa a ti, sin culpar a nada ni nadie. Esto es madurez y responsabilidad (capacidad de respuesta ante lo que nos sucede).  

Y eso es AMOR. Eso es AMARTE. Cuando vemos y aceptamos nuestros sentires, todas las emociones que surgen en el día a día, cuando vemos y acogemos nuestros juicios (que tan sólo son falta de información, por eso juzgamos), cuando cambiamos ese juicio por una pregunta para mí muy poderosa que es: Y esta situación, esto que me ha ocurrido con esta persona, esto que me está fastidiando tanto ¿que mensaje tiene para mí, que hay ahí para mí? todo nuestro mundo cambia y comienzas a sentir lo que significa amarte. No podemos amarnos si el foco está fuera, si no maduramos. Y la madurez es coherencia, sinceridad absoluta con una misma/o.
La rabia, frustración,  que sentimos ante lo que nos ocurre, no es para que lo “paguemos” con otros, es el piloto rojo que se enciende para que veas donde has puesto el foco. A qué has dicho que sí, cuando realmente querías y sentías que era No, qué estás haciendo (porque crees que debe ser así, porque lo primero es lo primero, porque siempre se ha hecho así, porque tienes no sé qué que demostrar, porque te hace sentir más segura, porque si no lo haces te van a dejar de querer…por tantas razones que debajo siempre llevan el sello del miedo) que no quieres hacer o qué no estás haciendo (por las mismas razones de arriba) que te encantaría hacer. Por eso surge la rabia, porque quiere que veas que cada vez que no eres sincera contigo, te estás negando. Y no hay nada que nos separe más del amor (hacia uno mismo y como consecuencia hacia los demás) que negarnos a nosotras mismas, a nosotros mismos. 

En estos días donde nos venden un amor de mentiras, es tiempo de reconquista. Es tiempo de verdad. No podemos amar a nadie desde el miedo, ni nadie va a hacer que nos amemos más. El amor es un estado que surge de dentro. Podemos querer  y eso siempre implica una expectativa con respecto al otro, es un querer condicional (yo doy y espero recibir algo a cambio). Está bien, es un tipo de amor. Ahora, si lo que quiero es AMAR (sin condiciones, incondicionalmente) a esta palabra le falta algo: AmarME
 
Sólo desde ahí surge el Amor hacia los demás, el de verdad. 

AmarME, ponerme primero, se ha traducido como egoísmo. Pensar primero en una misma (y esto lo tenemos muy grabado las mujeres, sobretodo) es egoísmo. Y yo ahora veo que no hacerlo es egoísmo, hacia mí. Cada vez que pongo por delante a los demás, estoy siendo injusta y egoísta conmigo misma. Me estoy negando, rechazando. ¿Cómo puedo amar a los demás desde ahí? ¿Y si ser “egoísta” (priorizarme yo) fuese el mayor acto de altruismo?


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