jueves, 27 de julio de 2017

Instantes: el regalo de la Presencia.

Cuando tu día a día se vuelve más calmado, cuando te permites desactivar tu piloto automático y empiezas a vivir la vida como si llevaras una cámara de fotos colgada al cuello, te conviertes en "vividora" de momentos mágicos, únicos. Son instantes que se graban en tu piel con una intensidad inmensa. Quizás el objetivo de cualquier otra cámara no se hubiese detenido en ese momento, pero tu sí, para tí ese instante es de una belleza sublime, porque sólo te habla a tí, solo se te muestra a tí, es la vida hablándote y regalándote ese momento unicamente a tí. 

Esta es una de las consecuencias de vivir cada día con más presencia, de llevar puesta siempre esa cámara capaz de captar píxeles cada ver con mayor precisión y que te convierte a través de la práctica, en ávida observadora de la vida (de tu vida). Y lo mejor de esta cámara es que no sólo mira hacia lo que los ojos le muestran, sino que y esto es lo excepcional,  al mismo tiempo que capta ese instante fuera, es capaz de ir hacia dentro, hacia tu piel, tu sentir, tu pensamiento...y la riqueza de ese momento captado es...inimaginable. 

Si puedes sentir la satisfacción de ese fotógrafo/a que es capaz de captar después de mucho tiempo jugando con la luz, los contrastes, la imagen, esa foto deseada...no es ni comparable con lo que se siente cuando esa fotografía además de imagen, lleva piel, emoción, pensamiento...

Pero estos momentos con piel no se preparan, surgen y sólo quien tiene los ojos de la presencia puede verlos, sentirlos, vivirlos. Ni siquiera pueden plasmarse en un papel o en la pantalla de tu móvil, de tu cámara fotográfica. Y eso es lo mágico, que son efímeros y a la vez infinitos, que no se controlan, ni se pueden preparar y sin embargo son perfectos para tí, que con mucha probabilidad nunca más se repitan y sin embargo a tí ya te da igual, porque lo que has vivido ha quedado impreso en tu piel, en tu ser. 

Es curioso pero si me permito esa presencia, esos momentos son cada día más y más. En los lugares más comunes, donde menos te lo esperas, con quien ni siquiera te lo puedes imaginar...porque la belleza de los momentos no tiene plantilla, no depende de ningún canon establecido, tan sólo de unos ojos que miran despacio, abiertos, curiosos, sin filtros...y sobre todo, que miran hacia dentro, hacia lo que sólo una/o puede vivir, hacia ese espacio sagrado que dá a lo común, la gradeza de tu ser.

Instantes que te muestran por ejemplo,
     lo que es el amor verdadero, cuando mis hijos se dan la mano y se miran tan sólo para preguntarse si van juntos a saltar las olas a la orilla del mar...
           Instantes que captan la mirada de comprensión de una amiga hacia otra que en ese momento está pasando por una situación de dolor...
                         Instantes que te llegan a través de notas musicales y te envuelven en momentos indescriptibles porque sólo el silencio sabe de que hablo...
                                    Instantes que te dejan congelada, a pesar de que quieres huir de ellos, a sabiendas de que ese también es un momento bello, a pesar del dolor...
                                                Instantes bañados en lágrimas de tristeza, amargura o quien sabe, también de alegría, conmoción, inmensidad...
                                                            Instantes que te enseñan a través de un abrazo lo que es trabajar con pasión, con respeto, con confianza, porque ese abrazo es sincero, está lleno de amor, de compasión, de esperanza.

Todo esto y mucho más te regala la vida cuando activas ese modo observador, cuando te permites vivir presente. Tan sólo recuerda una cosa, serán instantes únicos, nunca más volverás a vivirlos igual, porque tu ya no serás la misma, el mismo, porque tu piel ya habrá grabado la magnitud de ese instante vivido y lo que llegue a partir de entonces...sólo tu podrás saberlos, captarlo, sumarlo a tu experiencia vivida, sentida, grabada en tu ser. 

Feliz presente lleno de Instantes...

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