miércoles, 11 de mayo de 2016

Si no se Ve, no se Va.

En muchos de los encuentros que comparto con padres y madres, con educadores o personas que están haciendo un camino de desarrollo personal, buscamos herramientas o recursos que nos lleven a obtener los resultados que queremos lograr, con respecto a nuestros hijos, jefes, con nuestra pareja, compañeras de trabajo, con nuestra madre, suegra...etc. Hacemos cursos que nos asegurarán que existe la herramienta perfecta para ser el mejor padres o madre, para lograr por fin una relación de pareja perfecta, para alcanzar el éxito profesional, para ser un gran líder... Y no digo que esto no valga, sino que todos estos programas tendrían que ir precedidos de una premisa o de un paso anterior que a veces nos olvidamos: No es lo que hacemos sino desde dónde lo hacemos.

Antes de aplicar recursos y herramientas para conseguir algo concreto, primero es imprescindible mirar hacia dentro. No hay fórmulas mágicas, lo que a una personas le funciona, a otra puede que no le sirva para nada. ¿Y esto por qué? porque cada personas somos única, contamos con programas, patrones, valores, creencias que nos hacen únicos, que nos llevan a actuar desde lugares distintos. Por eso el primer paso para cualquier cosa es Observarnos. La observación es para mí el recurso por excelencia. Desde la observación nos convertimos en testigos neutros de nosotros mismos. Es como si llevásemos una cámara encima de nuestra cabeza que simplemente graba lo que hacemos y nosotros lo vemos en una pantalla. Y ¿qué observamos? nuestras reacciones antes lo que sucede fuera (con nuestros hijos, pareja, jefes, padres...), las contracciones que se producen en nuestro cuerpo en forma de emociones y que nos traen cantidad de información sobre cómo vemos e interpretamos el mundo, lo que nos pasa, los juicios que hacemos, las expectativas que tenemos y de las que muchas veces no somos conscientes...

Sólo cuando ponemos conciencia en ello, cuando Vemos lo que hay ahí para nosotros, podemos cambiarlo. Hay madres que me dicen con una carga de culpa enorme que se han dado cuenta de que van muy deprisa, de que chillan a sus hijas, padres que reconocen con gran pesar que no saben jugar con sus hijos, personas que han parado a escucharse y ahora saben lo duro que se hablan o lo poco que se cuidan o incluso de hábitos que han desarrollado durante mucho tiempo, nocivos para ellas, pero que hasta hoy, en ese momento no habías sido conscientes de ello...y yo les felicito! es perfecto que hayan llegado a eso, es genial que haya existido esa toma de consciencia. Lo que hacían de forma inconsciente, ahora ha pasado a ser consciente, ahora hay luz para verlo. Y sólo desde ahí, con acción y determinación vamos a poder cambiarlo. Perfecto! 

Cuando vemos, tomamos consciencia y desde ahí podemos cambiar aquello que no nos gusta. Y sobre todo, cuando vemos, empezamos a ser sinceros con nosotros mismos, y a actuar desde nuestra verdad. Entonces podremos trabajar herramientas de liderazgo, de asertividad, de cambio de hábitos, gestión emocional y de lo que sea. 

¿Y sabes cómo llegamos a esa observación? parando, experimentando y dándonos espacio para escucharnos...y no tanto escuchando a nuestra mente, sino que la primera señal nos la da el cuerpo. Bajar al cuerpo, observar lo que nos está diciendo cuando nos ponemos en acción, es el mejor vehículo para comenzar a acceder a esa toma de conciencia. Validar esa emoción, acogerla, escucharla. Y preguntarnos el porqué estamos sintiendo esa contracción, desde dónde estamos interpretando lo que nos pasa. Este es el gran paso previo a todo lo demás. Desde ahí, siendo sinceros con lo que nos pasa y sentimos, vamos a poder utilizar cualquier otra herramienta, porque será única y vendrá desde nuestra verdad. Las herramientas son neutras, nosotros las utilizamos y en función de desde dónde lo hacemos tendrán un resultado u otro. O ¿acaso un pincel por sí sólo crea obras de arte? es la mano del artista y cada artista tendrá su trazo único, inconfundible, el que cree una u otra obra. Y todo artista crear su obra como expresión de su ser, del descubrimiento profundo de esa esencia que va saliendo a través de sus manos y convierte al pincel en el más bello vehículo a través del cual nace su obra, su verdad. 

Y realmente eso es lo que necesitamos las personas más que nunca: Verdad.



2 comentarios:

  1. Enhorabuena por este artículo, muy bueno y muy claro. Una gran VERDAD

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    1. María, muchas gracias!! me alegra saber que te ha gustado. Un abrazo!

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