martes, 1 de diciembre de 2015

La mirada creativa

Pensamos que lo sabemos todo sobre esas personas con las que compartimos la vida día a día. Creemos que conocemos como nadie a nuestra pareja, a nuestros hijos, a esos amigos con los que hemos pasado media vida, a nuestra compañera de trabajo, a nuestros padres, a nuestros hermanos y hermanas...Sin ser muchas veces conscientes de que lo que conocemos de ellos lo hacemos a través de nuestra mirada que ha etiquetado a esa persona en un papel o en varios. Vemos a nuestra pareja y la conocemos en su papel de compañero, de padre tal vez, de hijo, quizás de amigo y es tan sólo eso. Una mirada limitada de quién realmente es él o ella. Porque somo todos esos papeles que vamos interpretando a lo largo del día, de la semana, de nuestra vida. Tenemos nuestras máscaras que nos ayudan a interpretar cada uno de esos papeles que vamos creando y no sólo somo eso. Somo eso y mucho más.

Cuando hablemos con esas personas a quien pensamos que conocemos mejor que nadie, está bien recordar esto. Sabemos de ellos hasta donde nuestra forma de mirar alcanza. Y esa mirada, suele ser escasa, injusta con quien es mirado, cómoda quizás, para el que mira. Porque con esa sensación de conocer todo del otro, nos sentimos en terreno conocido, en zona de seguridad. Desde ahí casi podemos aventurar sus reacciónes, lo que podemos hacer para lograr su atención, su aceptación, su consentimiento. Desde ahí quizás vivamos con la decepción, con lo incompleto, pero nos es suficiente para seguir viviendo sin mas.

Lo que pasa es que a veces, va el otro y nos sorprende. No esperábamos eso de él o ella. "Y yo que pensaba que le conocía, que sabía todo de ti...y me haces esto". Pues esto si, esto tambíen es el otro. Y entoces ya no es suficiente con la mirada habitual, rutinaria. A fuerza de decepción o sorpresa has tenido que incorporar otro ángulo de visión. Porque no somos personajes de novelas, somos personas imprevisibles, de infinitos matices, con mil posibilidades, contradicciones, en potencia, en permantente y constante transformación.

Y para poder con-vivir con esas personas a las que amamos, con serenidad y aceptación, necesitamos cambiar la mirada o más bien, aplicar a tu mirada, creatividad. Las miradas creativas son aquellas que observan sin juicios, sin etiquetas, sencillamentes están abiertas a la aventura de descubrir nuevos matices, gestos sutiles que marcan otros caminos hacia los que entrar para sentirte un poco más cerca. Son miradas valientes, que se atreven a ver lo que quizás antes no queríamos ver en el otro, porque puede dolernos, o hacernos sentir pequeños, porque puede perdernos en un avismo de dudas, o quizás nos conmueva tanto que sea la alegría la que nos invada en ese momento.

Es una mirada de calma, de serenidad. Porque las miradas creativas ven el presente, quien en este momento es esa persona. Ven su dulzura que no veías entre el polvo de tus prejuicios, quizás descubras es ese instante su valentía, más brillo en su sonrisa, que resurja en tí el orgullo de compartir tu vida con esa personas tan sensible, atrevida, juguetona, aventurera, incluso graciosa, imprevisible....tántos matices por descubrir... Y son miradas que se divierten, que disfrutan, porque miran para buscar ampliar la gama de colores, sabores, sonidos, imágenes, con las que creamos nuestra relación de padre y hijo, de hija y madre, de amantes, de amigos...de lo que tu quieras.

Miradas creativas que producen sensación de infinito, libertad. La aventura de estar siempre abierto a descubrir nuevas tonalidades de ese ser humano con quien compartes tu vida, que hace de la vida y del encuentro con el otro, un lugar donde jugar a mirar como miran los niños, con absoluta apertura, aceptación y confianza en lo que somos.

¿Te imaginas esa mirada creativa aplicada a tí misma, a tí mismo? ¿te atreves?

Y si lo que quieres es una mirada que te lleve directamente al alma del otro, a conectar con él o con ella con transparecencia, sintiendo toda su grandeza y con el mayor de los respetos: Mírale a los ojos.

Siéntate delante de él, de ella, olvídate de todo lo que está a tu alrededor y así, en esa calma, miraros a los ojos. Podría describirte lo que entonces sucede...y no me atrevo. Tan sólo te propongo que lo pruebes, que lo vivas y lo sientas.

Quizás si practicásemos más esta forma de mirarnos, todo cambiaría. Porque no se puede herir al otro, maltratarle, engañarle, despreciarle, cuando le estás mirando a los ojos y lo que estás viendo es su alma.



2 comentarios:

  1. Qué bello el post, Julia. Qué inspiradora la invitación. Y qué broche final con el video.
    Felicidades.

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  2. Muchas gracias Dori! Para mí la mirada es la puerta que abierta, nos hace ver el alma de la persona a quien miramos. Un fuerte abrazo. Gracias por tu compañía!

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