viernes, 2 de marzo de 2018

Decir gracias o vivir desde la Gratitud.

Gracias. 

Cuántas veces al día decimos esta palabra. Nos han enseñado que hay que ser personas educadas, agradecidas y que es de buena educación dar las gracias. 

Hoy me pregunto, cuantas veces al dar las gracias, realmente lo sentimos. Me doy cuenta de que pueden pasar días, incluso meses en los que esta palabra está en mi boca pero donde pongo el foco es en la forma, en ser educada, "que no cuesta nada" y no tanto en el fondo, en sentir esa gratitud.


Creo que hay un requisito previo, imprescindible, para vivir con gratitud: la humildad. 
La humildad, no de creerte pequeña y vivir agradeciendo a los demás que estén en tu vida porque "gracias" a ellos/as, tú eres. No, eso es vivir en pequeño, no es humildad. 

Para mí la humildad tiene que ve con re-conocer tu grandeza, tu abundancia, tu inmensidad. Sólo desde ahí puedes reconocer la grandeza del otro/a. Sólo desde ahí puedes sentir la Gratitud de Ser y esta acompañada en la vida por personas que, al igual que tu, en cada experiencia de vida compartida, te muestran su grandeza, te permiten verte, crecer, expandirte. 

He dicho que para sentir gratitud se necesita Humildad. Y añado, también Responsabilidad. Cuando te das cuenta de que todo lo que sucede, todo absolutamente (cada interacción con tu pareja, con tus hijos e hijas, cada encuentro "casual", cada pequeña experiencia cotidiana) habla de ti, cuando cambias la mirada poniendo el foco hacia dentro y no hacia fuera, entonces esa experiencia se torna en oportunidad para verte, aunque lo que veas a priori, no te guste mucho y desde ahí, brotará la gratitud. 

Vivir desde esta mirada es reconocer que las personas que están conmigo, que se cruzan en tu vida, que te están acompañando o lo hicieron en su momento, han sido y son Maestros/as que están interpretando un papel magistral en esa gran Obra que es tu vida. Así cada experiencia se convierte en una escena para que tu te veas, sin juicios, observes tu sentir, pensar, etc. 

Desde ahí también las experiencias "duras", esas que al principio duelen y nos hacen sufrir, cuando la carga se va rebajando, cuando nos abrimos a observar y aceptar sin juicio lo que está ocurriendo, comienza a aparecer un hilo de luz, cada vez más intenso. Es el reconocimiento de esa experiencia como oportunidad...y brota la gratitud hacia lo vivido. 

Por eso creo que no se trata de que "tengamos que ser personas agradecidas". El "tengo que" sigue siendo esfuerzo, obligación, exigencia. Sino que la Gratitud es una energía que brota de manera natural, fluida, cuando me abro a esa experiencia con actitud de aceptación, con humildad, desde la responsabilidad (que no es jamás culpa, sino capacidad de respuesta desde dentro). 

Entonces sentiré y sentirán la energía de la gratitud inundando cada célula de tu piel. Porque no son las palabras las que llegan o impactan en el otro, sino la energía desde la cual brota esa palabra. 

No es lo mismo agradecer desde la exigencia u obligación, desde la necesidad de...que desde el amor, la humildad y la autenticidad. Un Gracias desde ahí, casi no hace falta ni pronunciarlo. 



martes, 13 de febrero de 2018

Y eso es AMOR. Eso es AMARTE


Dibujo de IMATE @imateburgos

Subo la persiana de mi ventana y…nieva, otro día mas…ya he perdido la cuenta de los días que hace que no veo el sol. De nuevo frío, malestar. El romanticismo con el que al principio miraba por la ventana se ha terminado. Ya no encuentro nada romántico en esta situación, no me gusta, me incomoda. Quiero salir a la calle sin tener que encoger los hombros, acelerar el ritmo, mirar al suelo para que se pase deprisa la distancia a recorrer hasta llegar a mi destino. No me importa lo que hay alrededor, no quiero saber nada de la gente con la que me cruzo, ni de la que viene detrás o pasa a mi lado. Sólo quiero llegar y que pasen los días de este invierno frío y desagradable. Quiero primavera, sol, luz, calorcito. 

Y pasan los días y así me siento. Enfadada, malhumorada por este tiempo de mierda. Si, sé que es necesario para la tierra, que año de nieves, año de bienes. Que quedan muy bonitas las fotos en el Facebook o el instagram  caminando por la nieve o tirada sobre ella…y ya me he cansado. Quiero que esto cambie, quiero que mi cuerpo se estire, quiero sentir la alegría, bienestar…

Y así, enfocada en estos días de invierno, en el frío de la calle, en lo incómodo que resulta a veces caminar por la nieve helada en las aceras, hago que pase el tiempo malhumorada, enfadada, asqueada, esperando a que mañana o pasado sea diferente y por fin el sol aparezca. 

El tiempo, no sé por qué pero se ha convertido en un elemento determinante de nuestro día a día. De las decisiones que tomamos, de los planes que hacemos, de cómo nos sentiremos el resto del día, porque a veces nos estropea los planes de hoy, después de que lo teníamos todo organizado…Y si te paras a pensar, no sólo el tiempo, también nos pasa con otras muchas cosas pequeñas del día a día a las cuales damos el poder y ponemos la etiqueta de “me ha estropeado el día” “con lo contenta que estaba hoy y tiene que pasar esto para que me amargue el día”…también nos pasa con personas: “mira que me tengo que encontrar con ella, definitivamente es una persona tóxica, no la soporto, me ha dejado hecha polvo” “hoy me he levantado optimista, con ganas de comerme el mundo, he llegado al trabajo y tener que aguantar la cara de pena del compañero de enfrente, es que estropea el día a cualquiera” 

También permitimos que la situación política, la sociedad injusta en la que vivimos, los políticos incompetentes, la avaricia de los que mandan, los desastres que nos muestran los telediarios, el sistema educativo obsoleto, etc. haga que nuestro día sea un asco, oscuro aunque por fin haya salido el sol y nos hacemos pequeñitos, incapaces de nada que no sea quejarnos y juzgar.

En definitiva, como no nos han contado(o no lo hemos querido escuchar) que nadie nos hace nada, que todo lo que nos ocurre es una plataforma para vernos, para observar nuestro sentir, nuestros pensamientos y cómo vivimos lo que nos está sucediendo…y a esto se llama madurez y responsabilidad, como esto no sabemos hacerlo, ponemos el foco fuera y responsabilizamos a los demás de nuestro sentir. 

Es más fácil echar balones fuera, culpar al tiempo, a la peluquera que me ha hecho un corte de pelo que no me gusta nada, al empleado de la tienda que ha cerrado a su hora y no ha tenido la decencia de esperar ni un minuto más de su hora, a mi amiga que hoy viene con cara de amargada, a las noticias de la tele, al atasco para ir al trabajo por culpa del pardillo ese que va delante…al insensible de mi marido o a mi jefe incompetente…es más fácil y cómodo buscar culpables, juzgar y vivir con la mirada siempre fuera y también es tan frustrante…en ese esfuerzo por no querer mirar hacia dentro, por buscar culpables a los que cargar con mi rabia, mi frustración, mi tristeza o mis miedos, no nos damos cuenta de que lo único que hacemos es perder toda nuestra energía (y la energía no se crea ni se destruye, se transforma ¿verdad?) en juzgar, mirar hacia fuera, desgastarnos, agotarnos. 

¿Y si cambiando el foco hacia nosotras/os esa energía se transformase en energía creadora para vivir desde otro lugar? ¿Y si resulta que cuando cambiamos el foco y miramos hacia dentro, comenzamos a ser conscientes del poder que tenemos? ¿y si al volver la mirada a nuestro sentir, acogerlo, sabiendo que tan sólo es un mensaje para mí, sin buscar culpables, más bien dando las gracias a toda situación o persona por interpretar esa obra para que yo me vea,  sin juicios, resulta que comienzo a sentir ese amor hacia mí que tanto tiempo llevaba buscando fuera? 

Dónde ponemos el foco es una elección. La actitud con la que decidimos vivir las cosas que nos suceden día a días, esas pequeñas cosas a las que reaccionamos a veces con tanta inmadurez (enfadándonos, refunfuñando, culpando al otro…) es una elección. Y esto es importante: si ante estas cosas pequeñas, nos desestabilizamos con tanta facilidad, no somos capaces de relativizar, observarnos (nuestro sentir, pensar) ¿cómo queremos o  pretendemos que ante las cosas que nos ocurran y que sean grandes de verdad o dolorosas, seamos resilientes? Es como creer que por haber leído libros sobre cómo escalar una roca, después de haber hecho un par de prácticas en un rocódromo, decidimos escalar el Everest y hacerlo como expertos escaladores. ¿No es absurdo? ¿No es bastante probable que vamos a sufrir y mucho? Pues así pasa en la vida. Es en lo pequeño, en las cosas de nuestro día a día donde hay que “entrenar”. Y sin embargo a esto no le damos importancia, creemos que leyendo libros, yendo a cursos sobre desarrollo personal, sentados en la silla escuchando, estamos preparados para lo que venga. Cuando llegue lo grande, sabremos responder. Pero en el día a día, se nos olvida la práctica, no le damos importancia a las pequeñas cosas de lo cotidiano.

 Foco y Actitud para no dejarte llevar, para verte en cada situación (por muy pequeña y cotidiana que sea) y aceptar tu sentir, lo que te pasa a ti, sin culpar a nada ni nadie. Esto es madurez y responsabilidad (capacidad de respuesta ante lo que nos sucede).  

Y eso es AMOR. Eso es AMARTE. Cuando vemos y aceptamos nuestros sentires, todas las emociones que surgen en el día a día, cuando vemos y acogemos nuestros juicios (que tan sólo son falta de información, por eso juzgamos), cuando cambiamos ese juicio por una pregunta para mí muy poderosa que es: Y esta situación, esto que me ha ocurrido con esta persona, esto que me está fastidiando tanto ¿que mensaje tiene para mí, que hay ahí para mí? todo nuestro mundo cambia y comienzas a sentir lo que significa amarte. No podemos amarnos si el foco está fuera, si no maduramos. Y la madurez es coherencia, sinceridad absoluta con una misma/o.
La rabia, frustración,  que sentimos ante lo que nos ocurre, no es para que lo “paguemos” con otros, es el piloto rojo que se enciende para que veas donde has puesto el foco. A qué has dicho que sí, cuando realmente querías y sentías que era No, qué estás haciendo (porque crees que debe ser así, porque lo primero es lo primero, porque siempre se ha hecho así, porque tienes no sé qué que demostrar, porque te hace sentir más segura, porque si no lo haces te van a dejar de querer…por tantas razones que debajo siempre llevan el sello del miedo) que no quieres hacer o qué no estás haciendo (por las mismas razones de arriba) que te encantaría hacer. Por eso surge la rabia, porque quiere que veas que cada vez que no eres sincera contigo, te estás negando. Y no hay nada que nos separe más del amor (hacia uno mismo y como consecuencia hacia los demás) que negarnos a nosotras mismas, a nosotros mismos. 

En estos días donde nos venden un amor de mentiras, es tiempo de reconquista. Es tiempo de verdad. No podemos amar a nadie desde el miedo, ni nadie va a hacer que nos amemos más. El amor es un estado que surge de dentro. Podemos querer  y eso siempre implica una expectativa con respecto al otro, es un querer condicional (yo doy y espero recibir algo a cambio). Está bien, es un tipo de amor. Ahora, si lo que quiero es AMAR (sin condiciones, incondicionalmente) a esta palabra le falta algo: AmarME
 
Sólo desde ahí surge el Amor hacia los demás, el de verdad. 

AmarME, ponerme primero, se ha traducido como egoísmo. Pensar primero en una misma (y esto lo tenemos muy grabado las mujeres, sobretodo) es egoísmo. Y yo ahora veo que no hacerlo es egoísmo, hacia mí. Cada vez que pongo por delante a los demás, estoy siendo injusta y egoísta conmigo misma. Me estoy negando, rechazando. ¿Cómo puedo amar a los demás desde ahí? ¿Y si ser “egoísta” (priorizarme yo) fuese el mayor acto de altruismo?


jueves, 8 de febrero de 2018

¿Dónde quieres llegar, qué deseas conseguir en la vida?

Sigue, corre, no pares...ya es hora de llegar. Conseguir tu meta, alcanzar tus sueños ¿a eso se supone que hemos venido aquí, no? A ser nuestra mejor versión, a llegar a la excelencia, a lograr nuestros objetivos. Y a veces, con tanto trajín de hacer, buscar, seguir, mejorar...me agoto, me fundo y me paro. Y entonces llega la culpa y esa sensación de quedarse parada sin nada que hacer, de no avanzar, de estar perdiendo el tiempo. Hasta que alguien que te quiere te pregunta ¿y dónde quieres llegar, qué quieres alcanzar? y mira tú por donde, no sé que contestar. Sé que hay que ir hacia algún lado, que hay que llegar a algún lugar...y no sé cual es. 

Y de repente (aunque sé que nada es de repente) comienzas a preguntarte, dudas, de lo que antes para ti era una certeza, estaba gravado en tu cabeza, en tu GPS...¿y si no hay que llegar a ningún sitio? ¿y si la vida no va de eso? por que ¿para qué quieres llegar? si ni siquiera sabes lo que quieras, para qué tanto esfuerzo en seguir, hacer, superarte, demostrar. Si cuando crees que ya has llegado, ese vació, aunque desapareció por
un rato, vuelve a estar ahí y entonces sabes que aún no, que no debes haber llegado porque no te sientes plena, que "hay que seguir", que ese lugar está "mas allá".


Y de nuevo la misma pregunta ¿y si la vida no fuera de esto? ¿Y si no hay ningún sitio al que llegar, nada que conseguir? Y si en lugar de vivir tratando de atrapar el futuro, agotada de tanto correr, hacer, frustrada por no alcanzarle nunca, la vida resulta que va de vivir, de experimentar y en ese vivir, verse. Sí, verme, observar lo que en cada experiencia siento, pienso, en cómo lo vivo. Así sin mas artificios, sin juicios, ni dramas, sin etiquetas, sin "es que", sin carga. 

Vivir despierta, reconociéndome en cada experiencia, en todas, sobretodo en esas de mi día a día, cuando alguien me contesta sin haber preguntado, cuando una sonrisa se cruza con mi día triste, cuando un grito sale de mi boca y la cara de mis hijos se apaga...cuando me miro en tus ojos y siento amor, cuando me desbordo de gratitud al verte en un nuevo curso, de nuevo elijes que te acompañe, cuando digo que sí a tu propuesta y yo sé que no quiero hacerlo, cuando a pesar de que no me apetece acepto ese café y luego me enfado por tener que ir sin querer...tantas oportunidades para verme, reconocerme y aceptarme, sin querer cambiar nada, sin desear que lo que está ocurriendo en ese momento se vaya (mi sentir), sin volverme loca tratando de entenderlo, sin buscar un porqué...sólo viéndome, aceptándome...soltando.


No te imaginas cuán liberadora es esta mirada. Vivir la vida observando, viviendo cada experiencia como una oportunidad para verme...sin tener que demostrar nada a nadie (ni siquiera a mí), sin tener que llegar a ningún sitio, sin tanto esfuerzo. Ahora comienzo a vivirme con más libertad, con Amor. Aunque el miedo siga y la rabia surja y la frustración y el tengo que y la exigencia y vuelva a aparecer esa Julia obediente...y vuelva a sentir la carga y me enganche a mis dramas...sé que la vida es esto, observar, ver (me), aceptar...y soltar. Sé que la vida es Presente. 


miércoles, 31 de enero de 2018

¿Qué escribiría yo si nadie me leyera?

Hace ya tiempo que escribo este blog y si, me gusta mucho escribir. Cierro los ojos y me veo sentada, escribiendo frente a una gran ventana, con vistas a un bosque, una taza de café sobre la mesa y silencio a mi alrededor. Es una imagen que me hace sentir llena de vida, me encanta.

En todo este tiempo en el que he estado escribiendo ha habido muchos "para qué" escribo: escribo para contar lo que me pasa por dentro, otras veces escribo para "enseñar" o compartir lo que estoy aprendiendo porque sí, es muy bueno y yo quiero que lo conozcas, escribo para seguir manteniendo con vida este blog y no te vayas muy lejos, también he escrito por compromiso, para que me leas y cuantos más me lean mejor y si, también y sobre todo, escribo para que me veas. Ale, ya lo he dicho. 

Por eso y para eso, pienso en ajustar mis palabras, en buscar contenido que pueda aportarte, en escoger temas que llamen tu atención...y por eso también, mi atención ha estado ahí, en gustarte, buscarte. Me he alimentado de ti, de tus "me gusta", de saber que me has visto y leído...ese ha sido mi motor, la energía que me ha movido y ese, es un motor de necesidad. La palabra que mejor describe esto es, aunque ahora al escribirlo me suene fuerte...parásito. Si, he chupado de tu energía, esa que me dabas cada vez que me leías, eso me alimentaba, lo necesitaba para seguir escribiendo. Y cuando no me hacías caso, mis escritos no tenían tanto valor, no eran lo suficientemente buenos, había que seguir escribiendo  buscando cómo gustarte más, agradarte, engancharte. 

Hasta que me dí cuenta de que ese no era el camino. Hasta que alguien me dije (y yo poquito a poco lo voy integrando en mis células, que lleva su tiempo) que yo no soy un parásito...que yo soy (que tú eres) una Diosa generadora de mi propia energía, esa energía que pone en marcha el motor de mi vida. ¿Y sabes cuándo yo siento que genero mi propia energía? cuando la respuesta al para qué hago algo es...no sé, porque sí. Porque me encanta, porque cuando escribo sólo para mí, siento que vibro, que soy Y.O. No hay nada que dé mas energía que vivir haciendo aquello que haces...porque Sí!. 

Cuando ya no estás pendiente de si gustará o no, cuando la mirada ya no está fuera, sino que tu foco y lo que sale de tí viene de dentro. De un lugar entre las tripas y el corazón, de ese centro que es eso, pura energía. Eso que hace que estés conectada y tan sólo SEAS. 

Vivimos o mejor en singular, vivo, queriendo mostrar aquello que me gustaría ser y no soy ,sin ser consciente (hasta ahora) de que lo que SOY es mucho más grande, auténtico, verdad.

Mostrarme como soy, con mis miserias, contradicciones, sentires, grandezas, ser Y.O sin artificios, ni envoltorios. Hacer las cosas para mí y nada más, vibrar y conectar con mi esencia, es para mi, el mayor acto de valentía y amor que podemos hacer por nosotros y por el otro. 

Porque estás mostrándolé, a través de esa energía creadora, que él, ella, exactamente igual que tú, es también un Dios, una Diosa.

El Dios, la Diosa, de su Universo. 


miércoles, 17 de enero de 2018

Cuando eres consciente de tu Don...y aquello que no te dejaba verlo.

Lo intuía, había algo dentro de mi que me decía que era por ahí...pero mi mente no me daba permiso para verlo con claridad. Cuántas veces lo había leído, en miles de frases que te animan a seguirlo, incluso he escrito y propuesto en mis charlas seguirlo...porque es la manera de vivir tu propósito de vida, es como el GPS que te lleva a vivir con plenitud. Y a pesar de todo lo anterior, de tener claro en mi mente que ese era el camino...no tenía ni idea de cuál era ese Don, ese Regalo (importante para que el Ego no se venga arriba: es un Don, algo que se te da, se te regala, no hay mérito en ello), a través del cual vivir, acercarme cada vez más a quién Y.O soy, a mi esencia. En realidad vivir desde ese don, talento, es conectar con tu esencia, con tu sabiduría, ser genuina.

¿Sabes qué hacía que me costase tanto despertar a verlo y sobre todo sentir ese Don? un valor que tengo muy interiorizado, un programa que es como un filtro a través del cual considero si algo tiene o no valor: el esfuerzo. Para mí todo aquello que no cuesta trabajo, que no supone esfuerzo, no es bueno. Y claro, cuando vives desde tu Don, desde ese regalo, no hay esfuerzo, estás siento tu en esencia, fluyes, todo va bien, todo es perfecto. 

Yo me dedico a acompañar a personas en procesos de coaching, imparto formaciones, charlas, en este blog te he ido hablando de ello y ¿sabes? ahora lo veo: mi don es que soy capaz de conectar con las personas que están ahí, a mi lado, a través de la voz, del sentir, de la escucha. Hay algo ahí que me hace estar presente y conectar con quien tengo a mi lado y que ellos conecten con su ser, con su esencia. No es tanto el contenido de lo que digo o la forma, es esa conexión a la que llegamos en ese tiempo lo que hace que ese encuentro sea significativo (para el que tenga que ser, claro, para aquellas personas que estén en sintonía y resuenen en ese momento, para otras, pues sencillamente no les llegará y ya está). Porque conecto con mi sabiduría, con aquello que necesito en ese preciso instante, ese es el regalo de la conexión con lo que somos, con nuestro Y.O.

Y eso lo hago y me sale con tanta facilidad, que no me supone nada de esfuerzo, no hay preparación de horas y horas, no hay estudio y sacrificio, sólo hay presencia en ese momento. Y para alguien que ha vivido con el traje y el filtro del esfuerzo como valor esencial en su vida, lo que es un Don, puede llegar a ser un suplicio.

Yo no entendía qué hacía dando cursos, formaciones, si me suponía tanto esfuerzo: estaba enfocada en los contenidos, herramientas, dinámicas...que yo no digo que no sean importantes, sino que ese será el Don y el Talento de otras personas, transmitir ese conocimiento y hacerlo de esa forma, pero a mí ese empeño en "esforzarme" en hacerlo como yo pensaba que iba a ser bueno, valorado (porque me suponía esfuerzo, horas de preparación, hasta sacrificio y agobio pensando en qué podía gustar, cómo hacer que sea interesante y "bueno" para las personas que venían a mis cursos..) todo esto estaba haciendo una cosa: alejarme de mi Don, ese que hace que sea genuina, que a través de esa plataforma me conecte con mi esencia y fluya, Sea. Y no hay nada que más llegue al otro, que tu verdad. 

Y este "VER" no sólo me ha liberado de esa carga del esfuerzo, sino que me está permitiendo vivir con otra energía, esa que tiene que ver con la alegría de vivir, con el entusiasmo. 

Y ahora comprendo porqué me encanta seguir profundizando en mí, soy capaz de pasarme horas y horas leyendo, escuchando, observando (me) para entenderme, para ser cada día mas Y.O.

Ahora sólo me queda, actitud y si, valentía, para vivir desde ese Don, confiar. Sé que aparecerá el miedo y ese patrón de esfuerzo que aún está en mi parte humana...y también sé que puedo conectarme a esa otra parte inhumana que también soy Y.O, que me hace confiar, seguir. Te iré contando...