lunes, 11 de septiembre de 2017

¿Qué se esconde detrás del #Miedo?

Qué poquito nos gusta sentir miedo...es de esas emociones que, al menos a mi, a veces te hace sentir pequeña, te asusta. Y frente al miedo vamos actuando de diversas maneras, en función de cómo estemos, de lo que se nos venga encima...unas veces nos auto engañamos, hasta tal punto de que no somos apenas conscientes de ese miedo, porque nos contamos mil y una historias para justificarnos a nosotros mismos y así nos vamos por tangentes que hacen que hoy, aunque sepamos con total certeza que mañana volverá ese mismo miedo, pero al menos hoy, ya no sentimos ese miedo, lo despistamos!

En otras ocasiones lo negamos, nos decimos una y otra vez que no tenemos miedo, no queremos verlo, mirarlo de frente, escucharlo, toda nuestra biología nos invita a rechazar ese miedo y nos repetimos una y otra vez, no tengo miedo, no tengo miedo. 

También podemos validar ese miedo, creernos que ese miedo somos nosotros, que no seremos capaces nunca de salir de ahí, esa sensación de sentirte prisionera de ti emoción, siendo consciente de que por más que lo intentes, por más que quieras que esa emoción se vaya, cambie...no sucederá. Y entonces te frustras, echas balones fuera, buscas culpables que te ayuden a llevar la carga de ese miedo o que lo vivan por ti, a ver sí así te deja seguir, avanzar...Aunque también sabes que a todo lo que uno se resiste...persiste. Vuelve con más fuerza. Y mientras tu energía, tu entusiasmo, se va apagando, porque vives en la alerta de que en cualquier momento volverá de nuevo, esta vez con más fuerza, con mayor intensidad. Tu garganta, o quizás tu estómago, esa parte de tu cuerpo que ya tienes identificada, donde el miedo se instala, volverá a dar la voz de alarma. 

Pero...y si hubiese otra opción. ¿Y si en vez de negar el miedo, validarlo hasta creer que eres el o auto engañarte, podrías hacer otra cosa? ¿Y si el miedo no es una emoción tan mala y en realidad es un aliado para ti? y qué tal si en vez de hacer todo lo anterior te paras a observar ese miedo, que tan sólo está ahí para que le escuches, le reconozcas. Y ¿sabes por qué? porque atreverte a sentir el miedo, observarlo, escucharlo es el camino hacia tu libertad. Porque detrás de tu mayor miedo, ese que te paraliza, que hasta tu cuerpo se niega a reconocer...ahí, a su lado, está tu mayor deseo. 

Atravesar un miedo, lo reconozco, es para valientes. Para esas personas que a pesar de que su biología le esté diciendo que no y le empuje a lo de siempre, a pesar de que la mente se empeñe en seguir contando historias sobre lo cómodo/a y segura que se está en ese lugar ya conocido...a pesar de todo ello, sigues adelante. Porque sabes que ahí, detrás de ese puente que ahora al mirarlo te quita la respiración, porque al atravesarlo vas a ir sin apenas saber donde agarrarte, donde la seguridad la tendrás que buscar en tus propios pasos y habrá personas que no entiendan o incluso traten de convencerte de que no es buena idea (aunque tu mayor saboteador seguirá siendo tu propia mente, tu propia biología)...detrás de todo esto, está una nueva versión de quien eres. Más expansiva, más libre. Porque habrás conquistado tu miedo, porque quien sabe, estarás cumpliendo ese deseo que tanto querías y que siempre iba acompañado de un "me encantaría, pero....cuando los niños crezcan, cuando tenga más tiempo, cuando me sienta más preparada/o..." tantos y tantos "peros", que dejamos nuestros deseo para después, nos ponemos las últimas a la cola, no lo damos importancia...y todo por no reconocer que detrás de esto existe un  miedo, ávido de ser escuchado, observado y también, atravesado. 

Ahora que comienza septiembre, que para muchos es como un comienzo de año...te propongo que atravesemos un miedo, que demos un paso más hacia la libertad, hacia una versión más expansiva de lo que eres. 

Si ahora pudieras hacer algo que te apetece mucho hacer ¿qué sería? ¿cual es ahora mismo tu mayor deseo? ¿y cuál es el "pero" que viene a continuación? Por ahí está tu miedo, tan sólo obsérvalo, atrévete a sentirlo, escucharlo y atravesarlo. Entoncer habrás transcendido tu miedo y una nueva versión más libre, expansiva, se instalará en ti. ¿Vamos a por ello?


jueves, 27 de julio de 2017

Instantes: el regalo de la Presencia.

Cuando tu día a día se vuelve más calmado, cuando te permites desactivar tu piloto automático y empiezas a vivir la vida como si llevaras una cámara de fotos colgada al cuello, te conviertes en "vividora" de momentos mágicos, únicos. Son instantes que se graban en tu piel con una intensidad inmensa. Quizás el objetivo de cualquier otra cámara no se hubiese detenido en ese momento, pero tu sí, para tí ese instante es de una belleza sublime, porque sólo te habla a tí, solo se te muestra a tí, es la vida hablándote y regalándote ese momento unicamente a tí. 

Esta es una de las consecuencias de vivir cada día con más presencia, de llevar puesta siempre esa cámara capaz de captar píxeles cada ver con mayor precisión y que te convierte a través de la práctica, en ávida observadora de la vida (de tu vida). Y lo mejor de esta cámara es que no sólo mira hacia lo que los ojos le muestran, sino que y esto es lo excepcional,  al mismo tiempo que capta ese instante fuera, es capaz de ir hacia dentro, hacia tu piel, tu sentir, tu pensamiento...y la riqueza de ese momento captado es...inimaginable. 

Si puedes sentir la satisfacción de ese fotógrafo/a que es capaz de captar después de mucho tiempo jugando con la luz, los contrastes, la imagen, esa foto deseada...no es ni comparable con lo que se siente cuando esa fotografía además de imagen, lleva piel, emoción, pensamiento...

Pero estos momentos con piel no se preparan, surgen y sólo quien tiene los ojos de la presencia puede verlos, sentirlos, vivirlos. Ni siquiera pueden plasmarse en un papel o en la pantalla de tu móvil, de tu cámara fotográfica. Y eso es lo mágico, que son efímeros y a la vez infinitos, que no se controlan, ni se pueden preparar y sin embargo son perfectos para tí, que con mucha probabilidad nunca más se repitan y sin embargo a tí ya te da igual, porque lo que has vivido ha quedado impreso en tu piel, en tu ser. 

Es curioso pero si me permito esa presencia, esos momentos son cada día más y más. En los lugares más comunes, donde menos te lo esperas, con quien ni siquiera te lo puedes imaginar...porque la belleza de los momentos no tiene plantilla, no depende de ningún canon establecido, tan sólo de unos ojos que miran despacio, abiertos, curiosos, sin filtros...y sobre todo, que miran hacia dentro, hacia lo que sólo una/o puede vivir, hacia ese espacio sagrado que dá a lo común, la gradeza de tu ser.

Instantes que te muestran por ejemplo,
     lo que es el amor verdadero, cuando mis hijos se dan la mano y se miran tan sólo para preguntarse si van juntos a saltar las olas a la orilla del mar...
           Instantes que captan la mirada de comprensión de una amiga hacia otra que en ese momento está pasando por una situación de dolor...
                         Instantes que te llegan a través de notas musicales y te envuelven en momentos indescriptibles porque sólo el silencio sabe de que hablo...
                                    Instantes que te dejan congelada, a pesar de que quieres huir de ellos, a sabiendas de que ese también es un momento bello, a pesar del dolor...
                                                Instantes bañados en lágrimas de tristeza, amargura o quien sabe, también de alegría, conmoción, inmensidad...
                                                            Instantes que te enseñan a través de un abrazo lo que es trabajar con pasión, con respeto, con confianza, porque ese abrazo es sincero, está lleno de amor, de compasión, de esperanza.

Todo esto y mucho más te regala la vida cuando activas ese modo observador, cuando te permites vivir presente. Tan sólo recuerda una cosa, serán instantes únicos, nunca más volverás a vivirlos igual, porque tu ya no serás la misma, el mismo, porque tu piel ya habrá grabado la magnitud de ese instante vivido y lo que llegue a partir de entonces...sólo tu podrás saberlos, captarlo, sumarlo a tu experiencia vivida, sentida, grabada en tu ser. 

Feliz presente lleno de Instantes...

miércoles, 28 de junio de 2017

No es magia...eres Tu, Siendo.

Cada cierto tiempo, después de que hayan pasado unas semanitas de mi último post en el blog, comienza a aparecer en mi mente una vocecita que dice "Julia, que ya toca escribir, que no puedes dejar más de un mes sin noticias tuyas en el blog...venga ponte, que sino las personas que te leen se van a olvidar de ti o van a decir que eres una informal...". Y yo en un principio me pongo nerviosa, busco, pienso, me siento a ver qué sale, porque tengo que hacerlo ya, no puede pasar más tiempo. 

Y cuando paro, me escucho y sobre todo, me siento, veo que esa voz viene de alguno de esos programas que tenemos instalados y que buscan que me sigan "viendo", reconociendo, valorando, por lo que hago, por mi trabajo. Busco esa valoración y reconocimiento, que yo NO me estoy dando a mí misma! Por eso, cuando escribo desde ahí, no llego, no alcanzo las expectativas que quiero y me frustro. Porque desde donde estoy actuando es desde mi necesidad a que los demás me den, lo que Yo no me estoy dando. 

Y esto que ocurre con un post, sucede por ejemplo cuando organizamos un evento, un curso, hacemos nuestra web, un currículum, presentamos una candidatura o un proyecto en nuestra empresa o como emprendedores...para que nos vean, nos dé prestigio, reconocimiento y desde ahí, siempre hay carencia, necesidad, mucho, mucho esfuerzo. Y entonces...¿cómo lo hacermos o para qué? 

Mi experiencia, lo que yo vivo, es que escribir un post, crear eventos, la web, el proyecto propuesto...etc tiene que ser una consecuencia y el resultado de haber hecho o más bien de vivir antes algo: el entusiasmo, el enamorarte de lo que eres, de lo que haces, sentir que ese proyecto, eso que tú estás haciendo y que forma parte de tí, es lo más grande, que te apasiona tu trabajo, que es importante para el mundo que tú estés ahí con ese proyecto, porque existe en tí un reconocimiento y una validación de lo que ERES, que no necesita del OK de los demás, que no se viene abajo si en un momento no hay reconocimiento externo, ni recibe un No por respuesta. Es tan grande eso que sientes, que sabes que ni siquiera es tuyo, sino que es una sensación de estar conectada a algo más grande que tu que te guía, te sostiene, que te hace seguir, es un impulso interno, como una luz interior que te hace caminar, con seguirdad absoluta en caminos de incertidumbre total, que te impulsa a lugares quizás nunca imaginados, que te hace recalcular y cambiar de objetivos, metas, con absoluta confianza y tranquilidad de que es ese el camino...y que a veces te trae dudas, miedos, vacío...pero si sueltas y aceptas, sigues, confias y...aparece la magia. 

Mejor dicho, no es magia, es energía. Porque cuando vives tus proyectos así, con ese entusiasmo,  no tienes que ir a buscar oportunidades ¡ellas te encuentran a tí! No necesitas hacer nada para que te vean, te contraten, te reconozcan. Cuando el entusiasmo, la pasión, el reconocimiento y la validación de lo que eres y haces viene de tí, tu nivel de vibración es tan alto, que a tu vida atraes cosas, personas, oportunidades que están a ese nivel y entonces dices que ha sucedido algo increible, mágico...

Pues no es magia. Eres tú vibrando en una energía de entusiasmo, pasión, confianza, belleza, eres tu, Siendo. 

miércoles, 7 de junio de 2017

Sentir

Cuánto cuesta sentirse...parece tan sencillo. La inteligencia emocional está presente en muchos ámbitos, en la empresa, en el aula, en la familia, en los medios de comunicación...se habla de emociones y de lo importante que es conocer esos estados emocionales para poder gestionarlos y vivir con mayor bienestar. Y son avances estupendos y ahora toca dar un paso más. 

Hablamos de emociones, proponemos teorías acerca de ellas, damos pautas para gestionarlas...y yo siempre digo en los encuentros que realizo que las emociones no se piensan, se sienten. Y eso no nos es tan fácil. Porque sentir comienza en el cuerpo. Las emociones se sienten en nuestro cuerpo cuando se nos encoge el estómago, se tensa nuestro cuello, se cierra la garganta, la cabeza parece que nos estalla, nos sudan las manos...avisos a veces sutiles, a veces tan evidentes que si no les escuchamos llegan en forma de contracturas, tics, enfermedades...


Hasta hace poquito tiempo, yo pensaba que sabía sentirme. Y me he dado cuenta de que no...yo pensaba mis emociones y era bastante experta en auto-engañarme. Si, porque para sentir, hay que ser valiente, tomar como cómplice a tu cuerpo y estar despierta. Llevo tanto tiempo tratando de controlar lo que siento, camuflarlo, justificarlo...que cuando decides volver a tu cuerpo, escucharle, no sabes muy bien cómo. Es como comenzar a hablar un nuevo idioma, el de las sensaciones de tu cuerpo, un lenguaje universal que nunca miente.

He buscado herramientas que me llevasen a vivir con mayor bienestar, en el aquí y ahora, con serenidad, calma...y me doy cuenta de que no hay herramientas, ni fórmulas mágicas, que la clave está en sentirme. Cada vez que soy capaz de ir a mi cuerpo, observarle y sentir...estoy dando pasos de gigante hacia mi bienestar, estoy siento sincera conmigo, recibiendo a mi emoción, sin escaqueo, sin justificación, con humildad y sin prisas, sin expectativas. 

Si, si, sin prisas ni expectativas.  No se trata de sentir para que la emoción se vaya cuanto antes, sino de estar ahí con ella, darla espacio, acogerla...y escucharla. Porque las emociones vienen para darnos un mensaje, para que las escuchemos. Sólo entonces desaparecen. 

El problema está en que nos enganchamos a ellas, creemos que somos la culpa, la rabia, la frustración, el miedo, la envidia, los celos...incluso a veces, necesitamos ese "chute emocional" para sentirnos vivas/os y no, no somos nuestras emociones. Esas emociones que sentimos son tan sólo energía, pero al juzgar lo que sentimos, se convierte en una energía con carga, pesada, que no nos permite fluir, vivir ligeros, actualizados. 

Y aquí está lo más potente. Ser consciente de que esa rabia que siento es tan sólo una energía que está mal direccionada. No es una energía que tengo que enfocar hacia el otro, hacia quien yo creo que es el culpable de lo que siento, es una energía que pide ser dirigida hacia otros lugar, para otro fin que no es el de tratar de hacer cambiar al otro para yo sentirme bien. ¿Sabes? las emociones siempre, siempre, hablan de mi. Son un mensaje para mí, nada tienen que ver con la pareja, mi jefe, mis hijos/as, mis compañeros de trabajo, los políticos....y es que todo lo que yo siento, todo, son emociones que traen un mensaje para mí. 

Y cuando llegas a este punto...dejas de echar balones fuera. Ya no hay espacio para esa Julia víctima, sólo queda, abrir bien tus sentidos, escuchar a tu cuerpo, activar ese observador que todos y todas llevamos dentro, que nos permite sentir a flor de piel, recibiendo todo tipo de matices, eso si, siendo consciente de que tú no eres esa emoción, eres mucho más que eso y que eso, es un mensaje, tan sólo eso. Es en este punto, cuando te conviertes en un ávido observador de lo que pasa por dentro, cuando te tornas conquistador de tu sentir, cuando comienzas a descifrar esos mensajes que son sólo para ti.

Es entonces, cuando comienzas a vivir el bien-estar, la serenidad, la calma. Porque vivir presente, aquí y ahora, serena/o, en armonía, no es un fin, no es un objetivo, es la consecuencia de aprender a sentirte, escucharte, validar ese mensaje que trae tu emoción...y soltar, dejar ir, a su ritmo, sin presión ni expectativas,,,a tu mensajero. 

                                                            ¿Te atreves a sentir?

martes, 11 de abril de 2017

Quitarse del medio y...Confiar.

Hace tiempo que comencé este camino de auto conocimiento. En realidad, llevo toda la vida en ello. Sólo que ahora estoy mas despierta y lo que antes hacía de manera inconsciente y me traía sufrimiento, ahora comienzo a verlo desde otro lugar, con más claridad y de forma más serena. 

Creo que la palabra que define lo que ahora siento es Confianza. 


Estoy aprendiendo a confiar en la vida. He soltado unas cuantas cuerdas que sujetaba con fuerza con la certeza de que si las soltaba la vida se me desmoronaba. Era como si tuviese claro que tirando de ellas aunque fuese con esfuerzo, con mucho esfuerzo, todo estaba controlado. Como si yo pudiese controlar mi vida, Y así he vivido mucho tiempo. Creyendo que esas cuerdas eran mi garantía de seguridad, mi mayor herramienta para sentir que la vida estaba en mis manos. 

Y como todo tiene un precio, yo pagué con esfuerzo y mucho, esa sensación de seguridad y control...hasta que me quedé sin fuerzas. Y me rendí. 

Las cosas no pasan de la noche a la mañana, todo es un proceso, con noches que unas veces traen una preciosa luna llena, brillante, que ilumina casi más que un sol de invierno, otras veces tímidas estrellas asoman tras nubes oscuras y juguetonas...y si, hay noches oscuras, donde por más que te empeñas no ves nada, parece que todo ha desaparecido, que es imposible que tras esa noche oscura y ciega pueda haber un día, un mañana. 

Y así, con este ir y venir de noches y días fui encontrando un camino. Dando pasos pequeños, probando ritmos para encontrar aquel donde mi caminar fuese fluido. Me adentré en lugares donde sentí miedo y volví atrás con la certeza de no seguir (los sigo encontrando y benditos sean)...pero después de sentir mi miedo, de escucharle, mis pasos se hicieron más confiados y pude (y puedo) dar gracias por mi nueva "conquista". Encontré, en este caminar, espacios de calma, de juego y disfrute, de enorme belleza, de amor, de gratitud, expansión...y otros donde había rencor, frustración, rabia, tristeza, envidia...y sabes, también eran bellos, tenían y tienen la misma esencia, son lugares de enorme potencial, también en ellos, si sabes mirar, hay brillo.

Sigo caminando, hacia dentro, hacia mí. Y cuantos más pasos doy, mayor es la sensación de que por más que me empeñe, por más que sujete con fuerza esas cuerdas...la vida no va de eso. Ese no es un ancla segura. Y cuando pruebas a soltar cuerdas, expectativas..uf, tras un abismo de miedo inmediato, llega esa sensación de confianza, porque la vida siempre te sostiene. Te das por vencida, aceptando lo que Es y te quitas del medio. 

Para mí, cada vez con más fuerza, la vida consiste en eso, en quitarse del medio. En dejar de creer que yo puedo controlar mi vida, dirigirla a mi antojo. De lo que no soy consciente es de que esa es la mayor de mis cárceles. Porque lleva los barrotes del miedo, del sufrimiento, de las expectativas, del control. 

No siempre lo consigo, la vida es un campo de entrenamiento constante, hasta el final, pero cuando soy capaz del soltar, de quitarme del medio y confiar en la vida, entonces aparece la magia del baile sentido, fluido y la noche oscura da paso al mas bello amanecer. 


"Cuando me siento pequeña y 
cansada, subo al ático de mi
interior. Es una sala amplia, con 
ventanales. Abro las ventanas y 
una vista grandiosa y espectacular 
del cielo nocturno se abre ante mi. 
Puedo contemplar la Vía láctea y 
si alargo la mano...hasta tocar las 
estrellas que con sus parpadeos 
me invitan a unirme a su magia"

Rosetta Forner