lunes, 25 de julio de 2016

La mayor de las Conquistas

¿Y si la vida consistiera en vivirla...en experimentar, en sentir?...¿y si la vida fuese de conquistas? conquistarnos cada día, cada momento, en cada situación que nos contráe, que nos engancha el estómago, nos bloquea la garganta, nos cruje por dentro, nos aprieta, nos duele, nos asusta...conquistar nuestras emociones. No para eliminarlas, no son un enemigo a destruir...son una conquista por realizar. 

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Fotografía de Elena Shumilova
Conquistar una emoción es atreverse a mirarla de frente, es ponerse delante...mirarla y sobre todo es sentirla. Es inundarse de ella, escucharla, validarla, es tener el coraje de dejar de juzgarla y tan sólo sentirla, acogerla. Y para esto, para ver, hay que ser valientes. Y es valiente quien es radicalmente sincero con lo que siente. No se engaña, no lucha, no tapa, no esconde, sino que tiene la entereza, el coraje de mirar a su miedo, a su vergüenza, a su ira, a la envidia, al odio, a la falsedad, a la culpa, a la tristeza, a la frutracción...sin juicio, sin reproches, sin escondites. Es quien se atreve a destapar sus secretos más profundos.

Los grandes conquistadores entienden que sólo siendo radicalmente sinceros, humildes, podemos realizar la mayor de las conquistas: la de nuestras emociones. Las mayores conquistas son las que en un principio juzgamos como "malas", esos "dramas" cotidianos que no queremos ver, mirar de frente...y mucho menos sentir. Y antes esas emociones que surgen de experimentar la vida, nos contraemos, sin darnos cuenta de que cada una de esas contracciones son una oportunidad para conocer un poco más de nosotros, para que aquello que permanece aún oculto en nuestro inconsciente y que sin darnos cuenta dirige nuestra vida, salga a la luz. 

¿Quieres ser un conquistador? experimenta la vida, vive cada situación que te contrae como una oportunidad de conquista, atrévete a mirar, a sentir esas emociones que te crujen por dentro, acógelas, valídalas, escúchalas, observalas, te están hablando...y ahora, respira, no te dejes atrapar por ellas, los conquistadores no se dejan secuestrar por las emociones, sino que utilizan la mejor de sus "armas" la  más poderosa, la que consigue hacer alquimia de la emocion, lo que permite distinguir a los grandes: en ese momento son capaces de ...Respirar para introducir Quietud, serenidad, vacío. 

Los grandes guerreros se atreven a ver, a sentir. Y es que Sentir es la llave para su libertad, aquella que nos permite elegir lo que queremos ser. Sentir y ver lo que esa emoción me está diciendo, esa es la mayor de las conquistas. Esa es tu mayor conquista. ¿Te atreves?

martes, 21 de junio de 2016

Y tu, Piensas la vida...o la Vives?

 Si pudiésemos medir el tiempo que pasamos al día dando vueltas a las cosas que nos suceden, a cómo vamos a solucionarlas, o recordando lo que sucedió...o incluso pensando en cómo será cuando consiga ese sueño que lleva en mi cabeza tiempo...si contásemos los minutos de diálogo interno juzgando lo bien o mal que hemos hecho algo, o "valorando" lo que hacen los demás...programando ese último curso que nos falta para de una vez lanzarnos a probar eso que nos encantaría hacer...si contásemos todos esos minutos...¿cuánto tiempo nos queda al día para sencillamente Vivir? 

Vivir es presente y es experimentar. Es atreverse a hacer siendo conscientes de que ese hacer, en ocasiones es dejar de hacer, acercarse lo máximo posible a Ser. Vivir es atreverse a sentir y sobre todo es acoger el error. Creo que nos cuesta vivir porque seguimos viendo el error como un enemigo. Nos da mucho miedo contraernos, sentir envidia, miedo, frustración, culpa, tristeza, rabia...no queremos vivir en el conflicto. Queremos salir de ahí, estar siempre en armonía, calma, equilibrio...

Nos encanta la teoría, escuchar a personas inspiradoras que nos hablan y motivan a cambiar o a ir a por nuestros sueños, a tratar de dar un giro a nuestras relaciones. Nos dan herramientas, hacen propuestas para mejorar la comunicación con nuestra pareja, con nuestros hijos e hijas...leemos libros y libros sobre inteligencia emocional, desarrollo personal...todo está ahí, en nuestra cabeza. Y así adquirimos algo que está tan valorado en nuestra sociedad: conocimiento. 

¿Y para qué queremos ese conocimiento si está encerrado ahí? cuando a ese conocimiento le sumamos acción, experiencias, entonces estamos creciendo, estamos convirtiéndonos en personas sabias.

Vivir es ver el error como el mayor aliado para nuestra expansión como personas. Ese es el gran cambio de paradigma. Acoger el error, abrirnos a sentir la contracción que nos llega cuando nos atrevemos a experimentar, a probar, a hacer aquello que llevamos tiempo deseando hacer y que sí, que algún día intentaremos...pero nunca llega ese día. Y pasa el tiempo y nos vamos haciendo expertos en excusas, más y más víctimas de las circunstancias...y nos vamos encerrando cada día más en nuestra pequeña jaula de oro. 

Las personas que dejan de pensar la vida y deciden vivirla, se contraen, viven desde el error, se equivocan, se frustran, sienten envidia, miedo, rabia, alegría, amor, conflictos...pero en vez de negar lo que sienten o echarse para atrás, se escuchan. Aceptan lo que viene, lo acogen, tratan de neutralizar ese estado desde la presencia y a partir de ahí...recalculan. Y cuanto más nos atrevamos a vivir y experimentar, mayor será nuestra capacidad para recalcular. Lo hacen desde un lugar diferente al que estaban, escuchando(se). Y sólo lo pueden hacen desde ese punto 0 al que te puede llevar la respiración y la observación de esa emoción que estás sintiendo. Observar, sólo eso...casi nada eso! 
Y lo mejor, que poquito a poco iremos redirigiendo nuestras experiencias en base a lo que cada unos de nosotros y nosotras sintamos. No buscaremos más referencias que la nuestra, seremos personas auto-referentes. Y desde ahí surge la verdadera fuerza, desde ahí nos convertimos en líderes de nuestra propia vida. Esa es la auténtica libertad. 

Al leer este post, puede que estés pensando en ese gran proyecto que tienes ahí pendiente, en esas grandes acciones o grandes sueños que sí, que ahora vas a ir a por ellos! es estupendo tener grandes sueños, proyectos...y nunca subestimes el poder de las pequeñas acciones. Esas que día a día te conectan contigo, esas que disfrutas y te permiten sentir entusiasmo cada día, las que hacen que tu cerebro se oxigene, esas que de verdad sientes que son posibles, que poquito a poco te van llevando a un lugar de mayor confianza. Esas que hacen que puedas ver los errores como potenciales, esas pequeñas acciones que te llevan a grandes cambios. 


UNA VIDA VIVIDA AL MÁXIMO

¿Quién está dispuesto a mirar la vida de frente? ¿Quién está dispuesto a abandonar conceptos de segunda mano acerca de revelaciones de segunda mano? ¿Quién está dispuesto a forjar su propio camino, a jamás aferrarse a los caminos de los demás ni tratar de anular ni un ápice de ellos? ¿Quién está dispuesto a nunca conformarse con respuestas fáciles, independientemente de lo amables que suenen cuando se está en medio de un dolor insoportable? ¿Quién está dispuesto a dejar ir todos esos clichés no dualistas - "no hay ningún yo", "el libre albedrío es una ilusión" "todo es un concepto" - que algún día sonaron sumamente interesantes e incluso controversiales y que ahora suenan obsoletos, exagerados y un tanto tristes? ¿Quién está dispuesto a deshacerse de todos sus libros, a dejar de citar indefinidamente a todas sus percibidas autoridades, encontrar su propio lenguaje y su muy singular voz y vivir una vida de primera mano? ¿Quién está dispuesto a sacrificar su certeza, su credibilidad, su capacidad intelectual y su así llamada 'evolución espiritual' de un tiro a cambio de una vida experimentada con toda su plenitud? ¿Quién está dispuesto a considerar que este día podría ser su último día para experimentar cualquier cosa? ¿Quién está listo para arriesgar todo a cambio de la fascinación de la incertidumbre, la duda, los sueños rotos, el misterio, y la vitalidad de un corazón dispuesto? 

¿Quién se unirá a mí en este fuego de creatividad?

- Jeff Foster



miércoles, 11 de mayo de 2016

Si no se Ve, no se Va.

En muchos de los encuentros que comparto con padres y madres, con educadores o personas que están haciendo un camino de desarrollo personal, buscamos herramientas o recursos que nos lleven a obtener los resultados que queremos lograr, con respecto a nuestros hijos, jefes, con nuestra pareja, compañeras de trabajo, con nuestra madre, suegra...etc. Hacemos cursos que nos asegurarán que existe la herramienta perfecta para ser el mejor padres o madre, para lograr por fin una relación de pareja perfecta, para alcanzar el éxito profesional, para ser un gran líder... Y no digo que esto no valga, sino que todos estos programas tendrían que ir precedidos de una premisa o de un paso anterior que a veces nos olvidamos: No es lo que hacemos sino desde dónde lo hacemos.

Antes de aplicar recursos y herramientas para conseguir algo concreto, primero es imprescindible mirar hacia dentro. No hay fórmulas mágicas, lo que a una personas le funciona, a otra puede que no le sirva para nada. ¿Y esto por qué? porque cada personas somos única, contamos con programas, patrones, valores, creencias que nos hacen únicos, que nos llevan a actuar desde lugares distintos. Por eso el primer paso para cualquier cosa es Observarnos. La observación es para mí el recurso por excelencia. Desde la observación nos convertimos en testigos neutros de nosotros mismos. Es como si llevásemos una cámara encima de nuestra cabeza que simplemente graba lo que hacemos y nosotros lo vemos en una pantalla. Y ¿qué observamos? nuestras reacciones antes lo que sucede fuera (con nuestros hijos, pareja, jefes, padres...), las contracciones que se producen en nuestro cuerpo en forma de emociones y que nos traen cantidad de información sobre cómo vemos e interpretamos el mundo, lo que nos pasa, los juicios que hacemos, las expectativas que tenemos y de las que muchas veces no somos conscientes...

Sólo cuando ponemos conciencia en ello, cuando Vemos lo que hay ahí para nosotros, podemos cambiarlo. Hay madres que me dicen con una carga de culpa enorme que se han dado cuenta de que van muy deprisa, de que chillan a sus hijas, padres que reconocen con gran pesar que no saben jugar con sus hijos, personas que han parado a escucharse y ahora saben lo duro que se hablan o lo poco que se cuidan o incluso de hábitos que han desarrollado durante mucho tiempo, nocivos para ellas, pero que hasta hoy, en ese momento no habías sido conscientes de ello...y yo les felicito! es perfecto que hayan llegado a eso, es genial que haya existido esa toma de consciencia. Lo que hacían de forma inconsciente, ahora ha pasado a ser consciente, ahora hay luz para verlo. Y sólo desde ahí, con acción y determinación vamos a poder cambiarlo. Perfecto! 

Cuando vemos, tomamos consciencia y desde ahí podemos cambiar aquello que no nos gusta. Y sobre todo, cuando vemos, empezamos a ser sinceros con nosotros mismos, y a actuar desde nuestra verdad. Entonces podremos trabajar herramientas de liderazgo, de asertividad, de cambio de hábitos, gestión emocional y de lo que sea. 

¿Y sabes cómo llegamos a esa observación? parando, experimentando y dándonos espacio para escucharnos...y no tanto escuchando a nuestra mente, sino que la primera señal nos la da el cuerpo. Bajar al cuerpo, observar lo que nos está diciendo cuando nos ponemos en acción, es el mejor vehículo para comenzar a acceder a esa toma de conciencia. Validar esa emoción, acogerla, escucharla. Y preguntarnos el porqué estamos sintiendo esa contracción, desde dónde estamos interpretando lo que nos pasa. Este es el gran paso previo a todo lo demás. Desde ahí, siendo sinceros con lo que nos pasa y sentimos, vamos a poder utilizar cualquier otra herramienta, porque será única y vendrá desde nuestra verdad. Las herramientas son neutras, nosotros las utilizamos y en función de desde dónde lo hacemos tendrán un resultado u otro. O ¿acaso un pincel por sí sólo crea obras de arte? es la mano del artista y cada artista tendrá su trazo único, inconfundible, el que cree una u otra obra. Y todo artista crear su obra como expresión de su ser, del descubrimiento profundo de esa esencia que va saliendo a través de sus manos y convierte al pincel en el más bello vehículo a través del cual nace su obra, su verdad. 

Y realmente eso es lo que necesitamos las personas más que nunca: Verdad.



lunes, 28 de marzo de 2016

La energía que da el ser Impecable.

Fotografía de Elena Shumilova
¿Te ha sucedido alguna vez que quieres hacer algo, pero no acabas de encontrar el momento perfecto para ello? llevo un mes sin escribir en este blog. No por dejadez, porque haya tenido exceso de trabajo y eso no me permitiera escribir, sino que sencillamente, no me salía, no lo sentía. Escribo cuando siento que las emociones y las palabras que las nombran y las dan forma, me llaman y me piden salir, brotar. Llevo más de 4 años escribiendo, mostrándome como soy...o como he creído ser durante este tiempo, porque en el camino he ido descubriendo, tomando consciencia de muchas cosas, quitando capas que me han permitido ir un poco más hacia dentro, re-conociéndome y también me he perdido en otras tantas ocasiones. 


Y en todo este proceso, hay algo a lo que me he mantenido fiel: escribir sólo y cuando sintiera la necesidad de hacerlo, cuando las letras salieran con total libertad de mí. Y me he dado cuenta de que esto sucede normalmente cuando no estoy acelerada, ni tan centrada en el hacer, que se me olvida sencillamente ser y estar. Cuando no pones atención y dejas de observar, te dejas llevar por la inercia del día a día y te desconectas de tí, cuando tu cabeza y tus pensamientos comienzan a tomar el mando y entras en modo "tengo que", "debería de", cuando las exigencias contigo y en consecuencia con los demás no te permiten vivir, disfrutar, sentir y seguir, aparece el cansancio, los bloqueos, el malestar. Dejas de ser impecable o al menos, de ir hacia allí y sientes que lo que haces no es auténtico, no brota de ti, que todo te cuesta más, que el foco no está en tí, sino que lo pones en el otro y las relaciones se resienten, te alejas de los demás...y de ti. 

En el libro de "Los cuatro acuerdos",  Miguel Ruiz habla del primer acuerdo: ser impecable con las palabras. La magia de las palabras y cómo estas crean nuestro día. El cuidarnos de los juicios, la crítica, las quejas...que nos lleva al victimismo, a la descalificación...Me impactó cuando lo leí y fue hace unos meses, cuando pude dar un significado mayor a este término y fue para mí algo así como un despertar. Julia Brook en su libro "Niños fuera de la caverna, 9 poderes para criar niños poderosos" habla del poder de la impecabilidad. Dice Julia que este poder habla del guerrero tolteca, que es aquella persona que vive la vida siendo ella misma, y este guerrero tiene que aspirar a la impecabilidad, que no significa ni ser bueno, ni ser malo, no tiene que ver con la moral, sino con la energía. Cuando somos impecables no derrochamos energía, cuando no lo somos, derrochamos energía que no es nuestra. Y necesitamos la energía para nosotros, para tener fuerza todos los días para ser nosotros mismos, para que nuestra presencia, lo que realmente somos, impere en nuestra vida y no sean las circunstancias externas las que nos lleven de un lado a otro, sin ser nosotros los que tomemos las decisiones importantes. Cuando nuestra energía está limpia, tenemos ganas en comernos el mundo. 

Cuando no aceptamos a las personas con las que estamos, nos resistimos, exigimos, reñimos a los demás, perdemos nuestra energía. Y cuando no nos escuchamos, porque no nos da tiempo, cuando nos exigimos mucho más de lo que en realidad podemos hacer, dejamos de cuidarnos en el sentido más amplio de la palabra, nos tratamos mal, comemos cualquier cosa incluso sabiendo que nos va a hacer daño o vamos a sentirmos mal después, no escuchamos al cuerpo que nos pide bailar, moverse, correr, estirarse...y le castigamos, cuando dejamos que las críticas y los juicios campen a sus anchas por nuestras cabezas...estamos dejando de ser impecables. Y esto nos lleva al cansancio, al desánimo, al bloqueo. 

Por eso, aquí va mi propuesta: Regálate un tiempo para ti y chequea (observa) cómo está tu energía. Cómo te sientes en cuanto a energía física, emocional, intelectual, espiritual. Puntúate de 1 a 10 y piensa en qué estás haciendo, qué hábitos te llevan a sentirte así, ¿Puedes ver qué está pasando? ¿Podrías hacer algo por cambiarlo? Y ten en cuenta que aunque hayamos dividido la energía en cuatro planos, verás como cualquier cambio y mejora en uno de ellos, puede afectar a los demás de manera inmediata. Cuando te sientes bien físicamente, mejora tu bienestar emocional, eliges rodearte de personas que te aportan, te cuidas más, aumenta tu autoestima, tu confianza en ti, dedicas más tiempo a estar "contigo"...es una cadena que hace que aumente tu vibración, que tu bienestar sea mayor, haya más belleza en tu vida...plenitud, serenidad.

Te lanzo la propuesta, animándote a que no te quedes con lo que te diga, anímate a probarlo, experimentarlo. Sólo así podemos cambiar aquello que no nos gusta. Acción.

PD: hoy escribo este post después de regalarme cuatro días de desconexión. De dejar a un lado exigencias, tengo qué, obligaciones muchas veces autoimpuestas y disfrutar de la naturaleza, de mi paraíso cercano, de jugar con mis hijos, de una charla calmada con amigas, de correr por el monte en la mejor compañía, de disfrutar de mi familia, de sentarme y contemplar el paisaje que tengo delante, tal cual, bello, sereno, cotidiano, perfecto. A veces ponemos mil excusas para no hacerlo, buscamos lugares,momentos perfectos para hacer eso que tanto queremos...y así nunca lo hacemos. Por qué no permitirnos ser un poco "chapucillas", dejarnos de tanta perfección y comenzar...ya. 


" En general, cuando damos lo mejor de nosotros mismos, en la medida que nos es posible, somos impecables"

martes, 16 de febrero de 2016

Me doy permiso






Me doy permiso para...






Hacerme experta en las chapuzas, si, me doy permiso para convertirme en chapuzillas. Porque me agota estar y ser perfecta, hacer las cosas perfectas, algo que no llego a conseguir,siempre puede haber un detalle que lo convierta en algo mejor, siempre encuentro un defecto que hace que no sea el mejor. 

Equivocarme, cometer errores...y abrazar el miedo al qué dirán, a no estar a la altura...y confiar en que todo es perfecto y esto también. Es así como puedo aprender. Cayéndome, obteniendo resultados que estaban fuera de mis expectativas, aceptándolos. Y es que sólo quien se cree perfecto es incapaz de seguir aprendiendo. Y yo sé que hay una habilidad poderosa, que está al alcance de todos y que nos lleva cada vez más lejos o más dentro, que nos hace cada vez más sabios, la humildad. 


Soltar. Dejar de controlar mi mundo y confiar. Porque sólo así se vive en el presente. Donde están todas las respuestas...que llevan a todas las preguntas. Es aquí donde surge la magia de las oportunidades, donde estamos liberados de nuestras mayores cadenas, las que no nos permiten esa libertad que tanto anhelamos...cadenas con eslabones en forma de creencias que nos paralizan, valores absolutos que nos hacen rígidos hasta rompernos, emociones a las que nos resistimos y que hacen cada vez más fuerte la cadena...sin ser muy conscientes de que esa llave a la libertad, no nos la tiene que dar nadie, porque no la tienen. Esa llave la tenemos nosotros, está en el aquí y ahora, es nuestra presencia, cuando la mente se acalla, la que nos libera y es entonces cuando sentimos libertad. 

Ser amada. Me he dado cuenta de que tengo a mi alrededor tantas personas que me aman y a quienes no doy permiso para amarme. Y es que en ese papel de "supermujer", del "ya lo hago yo", "yo puedo con todo", se ha inflado la soberbia y ha desaparecido la humildad. La que reconoce que dar y recibir amor es parte de lo mismo. Que somos dadores de amor, pero que si no sabemos abrirnos a ese amor, estamos negándonos y sintiéndonos no merecedores de ello. Cuando cierras los ojos, abres el corazón y sientes ese amor...la gratitud brota a borbotones, es el regalo más grande que el universo pueda darnos; sentirnos merecedores de AMOR. 

Amarme. Como soy, así, con mis locuras, con esas luces que me hacen brillar y hacen de mí un ser único, alegre, amoroso, consciente...y esas sombras que llevan miedos, rabia, incomprensión. Y es que así, con mis altos y mis bajos, mis intentos de equilibrio, mis yo que sé, mis ya los sé todo y con todo puedo, que al poco traen el "ya no puedo más"...este caos es al que me doy permiso para amar. Porque todo lo anterior no será posible sin amor. No puedo recibir amor, confiar, vivir con humildad, responsabilidad y presencia, si no vivo una historia de amor conmigo. Si el amor no forma parte de mi ser, si no siento y vivo el amor en mis células, no puedo dar amor, ni recibirlo.

Ser paciente. Y volver a intentarlo una y otra vez. No importa si aún sabiendo lo que venía, lo que tenía que hacer, he vuelto a caer. Hay una y mil oportunidades y quiero poner paciencia.


Disfrutar de lo que hago, para reírme a pierna suelta por yo que sé que cosas, saltar en los charcos sin botas de agua,  mancharme la cara comiéndome ese helado de chocolate que me sabe a gloria...me doy permiso para vivir con una nariz de payaso, bailar hasta que mis pies resistan, jugar, gritar, saltar. Me doy permiso para abrir las puertas de la libertad a esa niña que muchas veces vive encarcelada dentro de mí, con sonrisa tímida y cara redondita y que en susurros a veces me pregunta...¿quieres jugar conmigo? 

Me doy permiso para sentirme, aceptar lo que siento y llorar de tristeza, gritar de rabia, esconderme del miedo, vibrar de alegría, sentir culpa, envidia, gratitud, indiferencia, compasión, frustración y orgullo...sentirlo y respirar...aceptarlo porque esto que siento no soy yo, aunque esté ahí para contarme algo, que elijo escuchar, sentir...y dejar ir. 


Por todo esto me doy permiso, porque me lo merezco, porque yo valgo, porque yo Soy

Y tu ¿para qué te das permiso?