jueves, 14 de diciembre de 2017

Cambiar tu mirada para alcanzar la Madurez.

Fotografía de Elena Shumilova.
Es tan fácil engancharse al ritmo que nos van marcando fuera, es como una música que te invita a moverte de un lado a otro sin mucho tiempo para tomar conciencia de si es ese paso que ahora quieres dar, el que de verdad sientes que es el siguiente...intuyes que no es el compás que te permite vivir con plenitud, más consciente, pero uf, eso es para lo que tienen la suerte de tener la vida ya resuelta, esos, que según tu, están donde quieren estar, con una vida "fácil", esos, sí pueden permitirse parar, vivir a su ritmo, sentirse...ellos y no tu, que tienes que bailar al ritmo que marca tu día a día de urgencia en el trabajo, las extraescolares de tus hijos, los horarios fuera de todo lógica del adolescente que vive contigo, tu pareja, que ni baila, que va a lo suyo...la familia...cómo vas tú a tener tiempo para parar, para vivir con serenidad, calma. 

Y menos ahora, que llega la Navidad, cenas, comidas, compras, encuentros que hay que encajar como sea en estos días...y a todo esto, comienza el año y yo sin mis objetivos de año aún planteados, bueno, pues los mismos que el año pasado, total, no los he cumplido...y así un año y otro. Cuándo se parará esto, cuando podré por fin dedicarme tiempo, cuando crecerán los niños, encontraré un trabajo con mejor horario, mi empresa saldrá a flote, mi pareja aprenderá a bailar...fuera, siempre fuera. Somos expertos en echar balones fuera, en mirar la vida hacia fuera, como si fuesen los demás quienes nos roban la libertad de vivir como nos gustaría...y claro, así vivimos en un mundo lleno de rabia, frustración, resentimiento y si, muy inmaduro. 

Somos inmaduros cuando no nos hacemos cargo de lo que es nuestra responsabilidad, mirar hacia dentro, asumir que todo lo que sucede fuera tiene un fin y un propósito para mi: verme. Me gusta decir que los demás son actores y actrices en esta gran obra de teatro que es la vida y que son tan generosos que cada día representan escenas para tí, única y exclusivamente. Para que te sientas, te veas, te observes y desde ahí, asumas dónde estás, te actualices, sigas viviendo con más consciencia y plenitud. Nadie te hace nada, nadie te enfada, te frustra, te ataca, si tú eres capaz de cambiar la mirada, si en vez de reaccionar en ese instante a esa emoción que  aparece, te permites parar a sentir, sin juicios, sin querer que se vaya, sólo acogerla porque está ahí para darte una información valiosísima a tí y sobre ti. No viene para que hagas nada al otro con ella. El otro es sólo un actor, una actriz que con sus palabras, acciones, gestos..activa en ese programa que tienes instalado desde vete tú a saber cuándo, provocando una emoción que tiene una función lógica; protegerte de un miedo. En el fondo, debajo de toda emoción que nos contrae, que nos carga, siempre hay un miedo oculto que quiere protegerse. 

"No somos responsables de las emociones de los demás, pero sí somos los únicos responsables de lo que hacemos con nuestras emociones" 

Sólo a través del sentir podemos llegar a ese miedo, verle, observarle y como consecuencia actualizarnos y crecer. 

Madurar es comenzar a cambiar la mirada, hacia dentro para sentirnos y vernos. Y es que madurar es responsabilizarnos de ese sentir y actuar en coherencia con ello. Y digo actuar en coherencia, no reaccionar y pedir al otro que cambie para que así se vaya esa emoción, ese sentir que me incomoda tanto, que no puedo sostener. 

Madurar es amarse incondicionalmente. Y no nos amamos si la mirada está fuera. Nos amamos cuando honramos lo que sentimos, cuando somos "egoistas". Qué paradoja pensar que ponerse primero, sentirse, seguir nuestro pulsar, decir No cuando queremos decir No, dejar de hacer aquello que no queremos, que no sentimos, por el miedo a que nos dejen de querer...eso es el mayor acto de egoismo...hacia tí misma, hacia tí mismo. Y es imposible amar al otro, escucharle, empatizar con el, sin un paso previo, imprescindible: amarte tú, escucharte y empatizar primero contigo. Comprenderte, verte y aceptar tu sentir, tus necesidades, tus miedos...dejar de querer ser quien no eres...y SER. Desde ahí y sólo desde ahí, desde ese AMOR a tí, a tu SER, nace la auténtica escucha al otro, la empatía, la compasión. 

Para todo esto, no hace falta horas de entrenamiento, ni que dejes tiempo en tu agenda diariamente, para esto tan sólo tienes que querer vivir despierta, consciente, presente. No se trata de añadir más obligaciones en tu día a día, sino de observar(te), darte cuenta de cuántas veces coges el móvil para escaparte de mirar hacia dentro, o vas al frigorífico a comer aunque haga media hora que has cenado, o te evades en el mundo de google o en busca de información que te dé respuestas a ese vacío que ahora mismo estás sintiendo...En realidad cualquier momento es perfecto para observarte, sentirte, verte. Sólo tienes que cambiar tu mirada...esa que te devolverá el poder que hay en ti, que dará alas a tu grandeza. 

No es casual que la Navidad, ese renacer, esa vuelta a casa (a la casa de todos, a la conexión con tu Ser, esa el la auténtica vuelta a casa), sea al comienzo del invierno. Una estación que invita al recogimiento, al silencio, a quedarte en casita sin mucho más que hacer...es la época donde la tierra está en barbecho, descansa, se pre-para para después, dar fruto. Si la sabia Naturaleza hace esto, invita a esto, nosotros que somos parte de ella, por qué no la escuchamos, aprendemos de ella...

Te deseo una Consciente, Presente, Madura, 
                                                            Navidad.  


miércoles, 11 de octubre de 2017

En busca del Bienestar.

A veces parece que todo se derrumba, que esos pilares Fuertes que te sostienen comienzan a temblar, que esas certezas sobre las que te sostenías se tornan bastones doblados que te hacer tambalearte…y escuchas fuera el ruido de las noticias malditas, llantos de sufrimiento, gritos de injusticia. Te sientes lejos, separada del otro, te enfadas, te alejas…y tu mirada está fuera, rabiosa con lo que ocurre, con los que te rodean porque no te entienden, porque no te apoyan, porque son egoístas, porque….fuera, siempre es fuera.

Y piensas que te gustaría vivir lejos de todo, irte, salir de este lugar tan hostil, dejar a esa gente que te hace sentir así, olvidarte de todo…porque tú sólo quieres estar tranquilar, serena, calmada, en paz. Sentir ese bienestar que tanto anhelas, que buscas cuando haces dietas para quitarte esos tres kilos de más, garantía de tu felicidad, o cuando pides encarecidamente a tu pareja que cambia esa forma de ser que tanto te molesta o cuando no entiendes ese comportamiento de tu jefa que te hacen sentir tan pequeña en el trabajo…porque si ellos cambiasen, si lo consiguieras…entonces alcanzarías tu bienestar.


Y no te das cuenta de que esa paz que ansías, ese bienestar que anhelas y buscas fuera, sólo puedes sentirlo cuando cambias tu mirada, tu foco. Cuando miras hacia dentro y puedes descubrir tu refugio mágico. Ese que cuando fuera hay tormentas, cuando la lluvia es tan fuerte que cala hasta los huesos, ese que aunque no te aísla de lo de fuera, porque no tiene candados, ni sus paredes están aisladas y entra el aire y la luz por todos sus rincones, es un remanso de calma y paz. Para llegar a él sólo tienes que buscar la cerradura del silencio, abrir con las llaves de la humildad y dejarte sentir, observar toda la explosión cósmica que en tu universo se está produciendo y entonces, como por arte de magia, se producirá la alquimia y la contracción, se tornará bienestar, calma, paz. 

Qué locura es (y si, bendita locura porque ha sido necesario buscar fuera) estar toda la vida buscando fuera, lo que desde siempre ha estado y está dentro de ti. 

 En el programa último programa de Vitaminas para el Alma, María Antón y yo compartimos lo que para nosotras significa el Bienestar y cómo lo trabajamos a través de nuestra "Escuela del Bienestar" en tres ámbitos: Educación, Empresa y Personal. 

Aquí te dejo el enlace al programa, por si quieres profundizar un poquito más en esto...y conocer nuestra Escuela. 
Pincha AQUÍ








viernes, 22 de septiembre de 2017

Sentir, Aceptar, Amar(Se)

Lo primero es amarte. No puedes amar al os demás si antes no te amas a ti misma, a ti mismo. He escuchado estas y muchas más frases sobre la importancia de amarse a una misma, muchas veces, en muchos cursos de desarrollo personal, lo he visto escrito en las redes sociales, en los libros...y tengo la certeza de que así es, de que nada hay más importante en esta vida que eso, amarse. 



Pero ¿qué significa amarse? ¿qué es amarse?  amarse significa Aceptarse, sin juicios, sin querer cambiarse. Aceptar lo que eres en este instante, abrazar todo lo que en este Ahora, Eres. Pero entonces...¿para qué queremos mejorar nuestra autoestima, vivir en positivo, cambiar emociones negativas por positivas? ¿por qué queremos cambiar lo que nos sucede si no nos gusta?...Si amarse es Aceptarse...qué pasa con esa rabia que siento cuando mi jefe me dice algo que no me parece justo, cuando no me siento apoyada por un compañero o compañera, qué pasa con la envidia que siento cuando mi mejor amiga me dice que le han aprobado un proyecto increíble y yo sigo en casa esperando esa gran oportunidad...qué pasa cuando no puedo dejar de controlar lo que pasa a mi alrededor, cuando siento tristeza y decepción por no haber sido reconocida por mi pareja después de haber realizado algo importante para mí...o cuando en un mismo día, qué digo un día, en una misma hora, soy capaz de ser como el Dr Jekyll y Mr Hyde...y cuando la frustración invade todo me cuerpo y cuando un vacío insoportable me lleva a abrir la nevera y comer.. qué pasa con todo esto? ¿Qué hago con todo esto? ¿lo amo también? o lo cambio porque estas emociones, estas versiones de Julia no me gustan, no las quiero? no quiero la versión de Julia controladora (qué existe y la veo bastante a menudo en mi vida), la versión de Julia viviendo la vida como una luchadora, una guerrera que lucha constantemente aunque está muy cansada...o esa Julia que duda, que no tiene certezas o la insegura, la que necesita protección...la que depende de los demás o de su acciones para sentir que vale, que Es. 

Si amarme es aceptar, esto también soy yo. Y yo hasta ahora no he sabido amarme, lo confieso. Me he repetido esta frase miles de veces, pero no estaba integrada en mí. No había sentido en toda mi biología lo que era amarse hasta hace muy poquito. Y es que la teoría la sabemos, la información está ahí...pero eso no es seguro de que lo estés viviendo así. De que eso este ya impreso en cada célula de tu piel. Y además, esto no es un fin en sí mismo, es un vivir día a día, instante a instante. 

Nos amamos cuando aceptamos ante todo, aquéllo que en cada instante estamos sintiendo. Cada emoción que llega a nuestro cuerpo y es acogida y aceptada por mi, sin juzgarla, sin querer cambiarla ni que se vaya, tan sólo quedarte ahí observándote, sintiéndote en ese instante donde la vida Es. Porque aceptar esto es amar el instante, es amar la vida. 

Cuando eres capaz de sentir y aceptar eso que estás sintiendo, cuando reconociendo esa versión de ti que rechazas (la de víctima, la controladora, la luchadora, la miedosa, la envidiosa, la insegura, la de escasez...) eres capaz de acogerla y comprender que eso también eres tú y las lágrimas llegan a tus ojos en forma de alivio, de rendición, de compasión y amor por eso que también eres...entonces te estás amando de verdad. Y es entonces cuando surge la alquimia de la transformación.

Y en este pack está incluida la rendición, te rindes. Una rendición que nunca fue una mayor victoria. Otra versión más expansiva de ti está ya instalándose, surge la transformación. Llega la humildad en forma de Aceptación y Amor con mayúsculas. Porque el ingrediente estrella en esto de Amarse y Aceptase se llama Humildad. Para reconocer dónde estamos y cómo nos sentimos, aunque nuestra mente enana se empeñe en subirnos a tronos que no son reales, hechos de títulos, honores, trajes, que tan sólo son ilusiones que nos confunden y que a nada que sople un poquito de viento...se cayó el trono!

Nos han dicho que somos únicos, que cada uno de nosotros/as hemos venido a interpretar una melodía, nos han enseñado las notas, el pentagrama...pero la melodía, esa melodía única, no fluye, no suena. Y es que se nos olvidan los silencios y sin silencios no hay música y mucho menos melodía. Es en esos silencios donde está la clave para amarnos y aceptarnos. Es en esos silencios donde la vida Es, donde las emociones se sienten, donde existe el espacio perfecto para que suenen las notas y anide tu melodía...Ahí en ese instante surge el Amor a la vida, a lo que eres, a Ti, a Mí, a Todos.

¿Puedes aceptar en este momento esta versión de ti? ¿Puedes aceptar esto que en este instante estás sintiendo? sin querer cambiarlo, sin juzgarlo, tan sólo estando ahí...viviendo.

Nota Importante: En este camino no hay plazos, ni tiempos, ni etapas. No podemos marcarlo como objetivo con pasos concretos para llegar a ello. La aceptación llega cuando llega. Lo primero y lo único es ir aceptando con humildad dónde estamos, aunque esto nos frustre, aunque creamos que retrocedemos...estamos donde estamos, sin mentiras, con sinceridad. Sin aceptar esto no podremos avanzar. Aceptar en este juego donde creíamos estar en el nivel 8, que no, que resulta que estamos en el 2 y que esto también es perfecto. ¿Y hasta cuando? si te ha surgido esta pregunta, es que aún no has aceptado el nivel 2...sigue jugando. 

lunes, 11 de septiembre de 2017

¿Qué se esconde detrás del #Miedo?

Qué poquito nos gusta sentir miedo...es de esas emociones que, al menos a mi, a veces te hace sentir pequeña, te asusta. Y frente al miedo vamos actuando de diversas maneras, en función de cómo estemos, de lo que se nos venga encima...unas veces nos auto engañamos, hasta tal punto de que no somos apenas conscientes de ese miedo, porque nos contamos mil y una historias para justificarnos a nosotros mismos y así nos vamos por tangentes que hacen que hoy, aunque sepamos con total certeza que mañana volverá ese mismo miedo, pero al menos hoy, ya no sentimos ese miedo, lo despistamos!

En otras ocasiones lo negamos, nos decimos una y otra vez que no tenemos miedo, no queremos verlo, mirarlo de frente, escucharlo, toda nuestra biología nos invita a rechazar ese miedo y nos repetimos una y otra vez, no tengo miedo, no tengo miedo. 

También podemos validar ese miedo, creernos que ese miedo somos nosotros, que no seremos capaces nunca de salir de ahí, esa sensación de sentirte prisionera de ti emoción, siendo consciente de que por más que lo intentes, por más que quieras que esa emoción se vaya, cambie...no sucederá. Y entonces te frustras, echas balones fuera, buscas culpables que te ayuden a llevar la carga de ese miedo o que lo vivan por ti, a ver sí así te deja seguir, avanzar...Aunque también sabes que a todo lo que uno se resiste...persiste. Vuelve con más fuerza. Y mientras tu energía, tu entusiasmo, se va apagando, porque vives en la alerta de que en cualquier momento volverá de nuevo, esta vez con más fuerza, con mayor intensidad. Tu garganta, o quizás tu estómago, esa parte de tu cuerpo que ya tienes identificada, donde el miedo se instala, volverá a dar la voz de alarma. 

Pero...y si hubiese otra opción. ¿Y si en vez de negar el miedo, validarlo hasta creer que eres el o auto engañarte, podrías hacer otra cosa? ¿Y si el miedo no es una emoción tan mala y en realidad es un aliado para ti? y qué tal si en vez de hacer todo lo anterior te paras a observar ese miedo, que tan sólo está ahí para que le escuches, le reconozcas. Y ¿sabes por qué? porque atreverte a sentir el miedo, observarlo, escucharlo es el camino hacia tu libertad. Porque detrás de tu mayor miedo, ese que te paraliza, que hasta tu cuerpo se niega a reconocer...ahí, a su lado, está tu mayor deseo. 

Atravesar un miedo, lo reconozco, es para valientes. Para esas personas que a pesar de que su biología le esté diciendo que no y le empuje a lo de siempre, a pesar de que la mente se empeñe en seguir contando historias sobre lo cómodo/a y segura que se está en ese lugar ya conocido...a pesar de todo ello, sigues adelante. Porque sabes que ahí, detrás de ese puente que ahora al mirarlo te quita la respiración, porque al atravesarlo vas a ir sin apenas saber donde agarrarte, donde la seguridad la tendrás que buscar en tus propios pasos y habrá personas que no entiendan o incluso traten de convencerte de que no es buena idea (aunque tu mayor saboteador seguirá siendo tu propia mente, tu propia biología)...detrás de todo esto, está una nueva versión de quien eres. Más expansiva, más libre. Porque habrás conquistado tu miedo, porque quien sabe, estarás cumpliendo ese deseo que tanto querías y que siempre iba acompañado de un "me encantaría, pero....cuando los niños crezcan, cuando tenga más tiempo, cuando me sienta más preparada/o..." tantos y tantos "peros", que dejamos nuestros deseo para después, nos ponemos las últimas a la cola, no lo damos importancia...y todo por no reconocer que detrás de esto existe un  miedo, ávido de ser escuchado, observado y también, atravesado. 

Ahora que comienza septiembre, que para muchos es como un comienzo de año...te propongo que atravesemos un miedo, que demos un paso más hacia la libertad, hacia una versión más expansiva de lo que eres. 

Si ahora pudieras hacer algo que te apetece mucho hacer ¿qué sería? ¿cual es ahora mismo tu mayor deseo? ¿y cuál es el "pero" que viene a continuación? Por ahí está tu miedo, tan sólo obsérvalo, atrévete a sentirlo, escucharlo y atravesarlo. Entoncer habrás transcendido tu miedo y una nueva versión más libre, expansiva, se instalará en ti. ¿Vamos a por ello?


jueves, 27 de julio de 2017

Instantes: el regalo de la Presencia.

Cuando tu día a día se vuelve más calmado, cuando te permites desactivar tu piloto automático y empiezas a vivir la vida como si llevaras una cámara de fotos colgada al cuello, te conviertes en "vividora" de momentos mágicos, únicos. Son instantes que se graban en tu piel con una intensidad inmensa. Quizás el objetivo de cualquier otra cámara no se hubiese detenido en ese momento, pero tu sí, para tí ese instante es de una belleza sublime, porque sólo te habla a tí, solo se te muestra a tí, es la vida hablándote y regalándote ese momento unicamente a tí. 

Esta es una de las consecuencias de vivir cada día con más presencia, de llevar puesta siempre esa cámara capaz de captar píxeles cada ver con mayor precisión y que te convierte a través de la práctica, en ávida observadora de la vida (de tu vida). Y lo mejor de esta cámara es que no sólo mira hacia lo que los ojos le muestran, sino que y esto es lo excepcional,  al mismo tiempo que capta ese instante fuera, es capaz de ir hacia dentro, hacia tu piel, tu sentir, tu pensamiento...y la riqueza de ese momento captado es...inimaginable. 

Si puedes sentir la satisfacción de ese fotógrafo/a que es capaz de captar después de mucho tiempo jugando con la luz, los contrastes, la imagen, esa foto deseada...no es ni comparable con lo que se siente cuando esa fotografía además de imagen, lleva piel, emoción, pensamiento...

Pero estos momentos con piel no se preparan, surgen y sólo quien tiene los ojos de la presencia puede verlos, sentirlos, vivirlos. Ni siquiera pueden plasmarse en un papel o en la pantalla de tu móvil, de tu cámara fotográfica. Y eso es lo mágico, que son efímeros y a la vez infinitos, que no se controlan, ni se pueden preparar y sin embargo son perfectos para tí, que con mucha probabilidad nunca más se repitan y sin embargo a tí ya te da igual, porque lo que has vivido ha quedado impreso en tu piel, en tu ser. 

Es curioso pero si me permito esa presencia, esos momentos son cada día más y más. En los lugares más comunes, donde menos te lo esperas, con quien ni siquiera te lo puedes imaginar...porque la belleza de los momentos no tiene plantilla, no depende de ningún canon establecido, tan sólo de unos ojos que miran despacio, abiertos, curiosos, sin filtros...y sobre todo, que miran hacia dentro, hacia lo que sólo una/o puede vivir, hacia ese espacio sagrado que dá a lo común, la gradeza de tu ser.

Instantes que te muestran por ejemplo,
     lo que es el amor verdadero, cuando mis hijos se dan la mano y se miran tan sólo para preguntarse si van juntos a saltar las olas a la orilla del mar...
           Instantes que captan la mirada de comprensión de una amiga hacia otra que en ese momento está pasando por una situación de dolor...
                         Instantes que te llegan a través de notas musicales y te envuelven en momentos indescriptibles porque sólo el silencio sabe de que hablo...
                                    Instantes que te dejan congelada, a pesar de que quieres huir de ellos, a sabiendas de que ese también es un momento bello, a pesar del dolor...
                                                Instantes bañados en lágrimas de tristeza, amargura o quien sabe, también de alegría, conmoción, inmensidad...
                                                            Instantes que te enseñan a través de un abrazo lo que es trabajar con pasión, con respeto, con confianza, porque ese abrazo es sincero, está lleno de amor, de compasión, de esperanza.

Todo esto y mucho más te regala la vida cuando activas ese modo observador, cuando te permites vivir presente. Tan sólo recuerda una cosa, serán instantes únicos, nunca más volverás a vivirlos igual, porque tu ya no serás la misma, el mismo, porque tu piel ya habrá grabado la magnitud de ese instante vivido y lo que llegue a partir de entonces...sólo tu podrás saberlos, captarlo, sumarlo a tu experiencia vivida, sentida, grabada en tu ser. 

Feliz presente lleno de Instantes...