martes, 11 de abril de 2017

Quitarse del medio y...Confiar.

Hace tiempo que comencé este camino de auto conocimiento. En realidad, llevo toda la vida en ello. Sólo que ahora estoy mas despierta y lo que antes hacía de manera inconsciente y me traía sufrimiento, ahora comienzo a verlo desde otro lugar, con más claridad y de forma más serena. 

Creo que la palabra que define lo que ahora siento es Confianza. 


Estoy aprendiendo a confiar en la vida. He soltado unas cuantas cuerdas que sujetaba con fuerza con la certeza de que si las soltaba la vida se me desmoronaba. Era como si tuviese claro que tirando de ellas aunque fuese con esfuerzo, con mucho esfuerzo, todo estaba controlado. Como si yo pudiese controlar mi vida, Y así he vivido mucho tiempo. Creyendo que esas cuerdas eran mi garantía de seguridad, mi mayor herramienta para sentir que la vida estaba en mis manos. 

Y como todo tiene un precio, yo pagué con esfuerzo y mucho, esa sensación de seguridad y control...hasta que me quedé sin fuerzas. Y me rendí. 

Las cosas no pasan de la noche a la mañana, todo es un proceso, con noches que unas veces traen una preciosa luna llena, brillante, que ilumina casi más que un sol de invierno, otras veces tímidas estrellas asoman tras nubes oscuras y juguetonas...y si, hay noches oscuras, donde por más que te empeñas no ves nada, parece que todo ha desaparecido, que es imposible que tras esa noche oscura y ciega pueda haber un día, un mañana. 

Y así, con este ir y venir de noches y días fui encontrando un camino. Dando pasos pequeños, probando ritmos para encontrar aquel donde mi caminar fuese fluido. Me adentré en lugares donde sentí miedo y volví atrás con la certeza de no seguir (los sigo encontrando y benditos sean)...pero después de sentir mi miedo, de escucharle, mis pasos se hicieron más confiados y pude (y puedo) dar gracias por mi nueva "conquista". Encontré, en este caminar, espacios de calma, de juego y disfrute, de enorme belleza, de amor, de gratitud, expansión...y otros donde había rencor, frustración, rabia, tristeza, envidia...y sabes, también eran bellos, tenían y tienen la misma esencia, son lugares de enorme potencial, también en ellos, si sabes mirar, hay brillo.

Sigo caminando, hacia dentro, hacia mí. Y cuantos más pasos doy, mayor es la sensación de que por más que me empeñe, por más que sujete con fuerza esas cuerdas...la vida no va de eso. Ese no es un ancla segura. Y cuando pruebas a soltar cuerdas, expectativas..uf, tras un abismo de miedo inmediato, llega esa sensación de confianza, porque la vida siempre te sostiene. Te das por vencida, aceptando lo que Es y te quitas del medio. 

Para mí, cada vez con más fuerza, la vida consiste en eso, en quitarse del medio. En dejar de creer que yo puedo controlar mi vida, dirigirla a mi antojo. De lo que no soy consciente es de que esa es la mayor de mis cárceles. Porque lleva los barrotes del miedo, del sufrimiento, de las expectativas, del control. 

No siempre lo consigo, la vida es un campo de entrenamiento constante, hasta el final, pero cuando soy capaz del soltar, de quitarme del medio y confiar en la vida, entonces aparece la magia del baile sentido, fluido y la noche oscura da paso al mas bello amanecer. 


"Cuando me siento pequeña y 
cansada, subo al ático de mi
interior. Es una sala amplia, con 
ventanales. Abro las ventanas y 
una vista grandiosa y espectacular 
del cielo nocturno se abre ante mi. 
Puedo contemplar la Vía láctea y 
si alargo la mano...hasta tocar las 
estrellas que con sus parpadeos 
me invitan a unirme a su magia"

Rosetta Forner

lunes, 27 de marzo de 2017

Bailar la Vida, Vivir el Baile

A veces sentimos que nuestra vida no fluye…queremos avanzar, seguir, vivir sin esa sensación de estar continuamente tirando de una cuerda, en un constante esfuerzo…es como si viviésemos descompasados, sin encontrar el ritmo que nos invita a vivir más livianos, sin tanta carga.

Y es que en este “trajín” del día a día, no tenemos tiempo para escuchar el baile que la vida nos marca, ese que suena hoy, en este momento, ese que si escucháramos y comenzásemos a bailar, nos llevaría a vivir sin tanto esfuerzo, con sensación de fluidez, libre de tanta carga.

¿Y qué necesitamos para bailar ese baile que la vida nos marca? En primer lugar, escuchar(nos), sentir su ritmo, su melodía y en segundo lugar, aceptar que ese es el baile de mi vida hoy. Y es que sentimos que nos atascamos y vamos descompasados cuando nos empeñamos en bailar otro baile. Cuando en vez de escuchar nuestro ritmo y seguirlo, sin juicio, nos empeñamos en bailar aquello que está de moda, que nos dicen que es el baile “por excelencia”, o vemos a otros/as bailando “su” baile y queremos bailar “ese” baile también.

Imagínate cómo será tu vida, si en vez de vivir bailando tango, que es el ritmo que la vida te marca hoy, te empeñas en vivir tu día a día moviéndote con pasos de rock and roll  ¿verdad que sentirías que algo va mal, que no te encuentras cómoda/o, que tu vida no fluye? Y qué me dices si lo que a ti te parece “glamuroso” es el ballet y te empeñas en moverte al ritmo del lago de los cisnes…y en tu vida suena música de reggaetón! No sería muy coherente ¿verdad?

Empeñados en buscar fuera manuales, herramientas mágicas, que nos ayuden a encontrar nuestro bienestar personal, que nos saquen de sufrimientos, que nos den por la fórmula “mágica” para solucionar nuestros problemas en el trabajo, la pareja, con nuestros hijos/as…probamos y nos dejamos llevar por el consejo de moda, por lo que dicen que solucionará nuestra vida…y cuando no nos sirve y vemos que no llegamos a conseguir lo que queríamos o a los objetivos a los que otros/as han llegado…nos frustramos. Y es que esas propuestas, esas herramientas, son suyas, ese es su baile y es perfecto para ella o para él, pero no es el tuyo.

Aprender a escuchar y aceptar nuestro baile, para después actuar desde ahí es el paso más importante para vivir una vida coherente, fluida, auténtica. Escucharnos, sentirnos, aceptar dónde estamos (desbordados/as por una situación concreta, cansada y sin ganas en este momento de jugar con mi hija/o, sin ganas de salir hoy de cena con mi pareja…) sin juzgarlo, sólo aceptando que eso es lo que en este momento siento, es el primer paso para una vida coherente y madura.

Esto requiere una mirada hacia dentro, siendo conscientes de que el único manual de instrucciones está en mí y se está actualizando continuamente, en cada instante. Esto te permite ser flexible, ir más allá de valores, principios, creencias que nos vuelven rígidos. Cada momento de mi vida tiene un baile, que aunque a veces no me guste o piense que no es el adecuado para mí, cuanto más practique y me deje llevar por él, por la vida, más crecerá mi confianza en que es el perfecto para mí hoy. Cuando aprendas a bailar la vida y vivir tu baile, el tuyo, que es único y perfecto para ti hoy, sin compararte con otros, sin vivir bailando bailes que son de otros/as, la sensación de fluidez, de expansión será cada vez mayor.

Eso si, recuerda que para vivir tu baile, a veces es necesario “engancharte” al ritmo de otros/as, querer “vivir” otros ritmos que no te tocan…sólo así podrás parar y regresar de nuevo a tu baile, tu música, tu ser.


Esto que estás leyendo, está escrito también siguiendo un ritmo, mi baile. Por eso, te invito a que si algo de esto te ha resonado, lo experimentes. Sólo así podrás “escanearlo” por tu propia piel, sentirlo, vivirlo. Sólo así encontrarás la música, el baile de tu vida, hoy. Quien sabe si mañana ese tango se vuelva un vals, una rumba o puro rock and roll. ¿Bailamos?

jueves, 12 de enero de 2017

Cambiar "otra vez" por "a través"

No nos gustan los problemas. Huimos de los conflictos. Una de las frases que más escucho en el día a día es "deja, deja, que yo no quiero líos..." y en el caso en el que éstos surjan, o alguien nos cuente sus problemas, el objetivo es buscar una solución, acabar con el problema cuanto antes. Entonces aparece el ¿Qué vas a hacer? ¿qué solución ves? nos vamos a nuestra mente y pensamos, buscamos respuestas rápidas, damos vueltas una y otra vez, queremos salir de ahí cuanto antes...

Y no sé si a tí te sucede, pero hay conflictos, problemas, que parece que se solucionan (con la pareja, en el trabajo, con tus hijos/as, con tu madre o tu padre, compañeros de oficina, de aula, etc.) pero que cada cierto tiempo vuelven a aparecer, es como vivir en una rueda del hasmter, que además te frustra y te hace sentir cansancio e impotencia, porque cuando ya creías que estaba todo solucionado, que tú habías encontrado la solución a ese conflicto y que todo estaba ya "bajo control", vuelve de nuevo el problema. Quizás sea con la misma persona con la que el conflicto se generó o con otra distinta, quizás dejaste tu anterior trabajo por ese jefe "tóxico" que ya no soportabas más y resulta que en este nuevo trabajo, hay otro jefe/a tóxica, o en este caso es un compañero/a, o quizás hayas dejado claras las cosas a tu pareja, pero como en el día de la marmota, eso que no soportas de él o ella, vuelve a repetirse al poco tiempo...ya estamos "otra vez". 

Y es que quizás tengamos que cambiar el "otra vez" por el "a través". No son los problemas en sí lo que no nos gusta, en realidad lo que queremos evitar a toda costa es seguir sintiendo lo que sentimos. Es lo que ese conflicto nos hace sentir lo que no soportamos y buscamos soluciones en nuestra mente rápidamente para dejar de sentir-nos así, queremos estar tranquilas/os, serenos/as, ese es nuestro objetivo principal. Te suena eso de "yo no quiero problemas, lo único que quiero es estar tranquila/o".

El "otra vez" vuelve porque en ese conflicto que ha surgido, en vez de bucear, atravesar esa experiencia para mirar dentro, en lo profundo de mi, tomar conciencia de esa emoción y lo que me está queriendo decir a mí (no del otro), decido quedarme en la superficie, en el hecho concreto, sin ir más allá y buscar en mi mente una solución rápida. Que además tiene como consecuencia, que yo eche balones fuera y etiquete al otro/a de "tóxico", "egoísta", "broncas", "desconsiderado/a"...

Sin embargo el "a través" invita al sincericidio. Si en vez de ver el conflicto como un problema, como algo a evitar y de donde quiero salir rápidamente, aplicando soluciones de salen de mi mente, de creencias antiguas, pasadas, que tan sólo me permiten percibir y solucionar las cosas de forma distorsionada, quedándome en el juicio hacia mí o hacia el otro/a, si en vez de eso, elijo remangarme, coger aire, respirar y bucear dentro de mi, vivir esa experiencia con todos los matices, escuchar lo que me está haciendo sentir, por incómodo que me parezca, siendo radicalemente sincera conmigo (porque este conflicto va conmigo, no con la otra persona/as), sin tratar de buscar soluciones, sencillamente quiero ver, sentirme, observar desde qué percepción estoy viendo esta experiencia, qué está diciéndome a mí. Cuando me permito esto...como si de magia se tratara, ya no veo el conflicto como algo a evitar, sino que veo en ello una oportunidad para conocerme un poquito más, para ser una versión más expandida de mí, ya no existen en mi vida personas tóxicas de las que tenga que alejarme, tan sólo oportunidades. 

Y entonces poquito a poco, cambiando el "otra vez" por el "a través", comienza a instalarse en mi vida la tranquilidad, la serenidad. No como un objetivo que alcanzar, sino como consecuencia de ese trabajo de profundidad, de sincericidio conmigo. Porque si hay un aliado perfecto para el "otra vez", para que esa rueda del hamster siga girando una y otra vez, lanzando etiquetas que tan sólo me dejan atado a lo viejo (a mí y al otro/a) ese es el auto-engaño. 

Para salir de ahí, qué tal si cambiamos el "otra vez" por el "a través"? 

PD: Esta propuesta es para Valientes, para aquellas personas que están dispuestas a mirarse, a sentirse, a ser radicalmentete sinceras, y lo que a mí me resulta más complicado, que están dispuesta a poner amor incondicional por encima de todo hacia ellas mismas. Que dejen a un lado los juicios, las críticas, los sabotajes. Escucho muchas veces que este camino de descubrimiento y desarrollo personal es un camino duro, sale mucha "basura" de dentro...y esto es así si a todo lo que vemos, a cada sincericidio que hacemos le aplicamos la espada del juicio y nos quedamos ahí. El otro camino es el del amor incondicional, el de comprender que eso que acabo de ver de mí es maravilloso, porque como en otras ocasiones hemos compartido "si no se ve, no se va". 

Te atreves a experimentas, a vivir, a sentir? A través!! 


jueves, 17 de noviembre de 2016

Yo, Mi, Me...Contigo.

Elena Shumilova
Si, es probable que al leer el título de este post te hayas acordado de Joaquín Sabina y su disco "Yo, mi, me, contigo". Y para mí este título es perfecto para encuadrar lo que hoy quiero compartir contigo.

Y ¿por qué? pues porque para que exista un contigo, tiene que haber antes, un Yo, Mi, Me. Es decir, que para que podamos conectar con el otro, bien sea mi pareja, mi hijo o hija, mi cliente, el primer paso para que se de esa comunicación viene de conectar conmigo. 

Sentirme, reconocer qué me sucede a mí cuando interacciono con el otro, aceptar mi sentir, mi necesidad en ese momento. Desde ahí podré comenzar a hablar un lenguaje mucho más profundo con la persona que tengo delante, el lenguaje emocional. Y es que no es lo que decimos, las palabras que pronunciamos lo que llega al otro, sino la energía desde la cual estamos hablando. Si lo que la otra persona me dice o hace, está haciendo que surja en mí una emoción de rabia, miedo, envidia, vanidad...la que sea, yo tengo dos opciones: 

- reaccionar a esa energía o rechazarla y el resultado (te invito a que lo pruebes y tomes conciencia de ello) será carga, falta de entendimiento, incomprensión...

- o puedo ser receptiva a esa emoción que me surge, acogerla, observarla sin juicio (como lo que es, una energía que está en mi cuerpo, que me invita a abrirme, mirar hacia dentro, o quizás a parar)eso sólo tu puedes saberlo.

Es desde ahí, desde donde surgirá la verdadera conexión emocional. Cuando llego a ese punto de conexión conmigo, podré empatizar y comprender a mi pareja, a mi  hijo/a, a mi amigo/a, a mi cliente. Porque desde estado puedo "conectar" con el sentir del otro. Iré mucho más allá de sus palabras y podré sentir su miedo, su rabia, su angustia, frustración, culpa...lo que sea. Y lo que es más importante, si escucho desde este lugar al otro, le estaré dando un espacio para Sentirse Sentido. 

¿Y qué significa esto? que esa persona que está delante de mí sentirá que estoy respetando y dando espacio a su sentir, en definitiva, que estoy acogiéndole sin juicios, simplemente acepto su emoción, doy espacio para que salga, estoy diciendo a esa persona "respeto tu sentir, no lo juzgo, te veo". 

En cualquier profesión donde la interacción con el otro es la base, esta conexión emocional debería ser lo primero a trabajar. Si no nos sentimos y permitimos que el otro se sienta sentido, los demás pasos no funcionarán, porque la base, la esencia no estará. No hay empatía, ni comprensión hacia el otro, si primero yo no me siento, ni comprendo. 

Y es curioso, pero en muy pocas (al menos que yo conozca) universidades, la educación emocional, el autoconocimiento, es una asignatura. Y sin esta base, lo demás se queda muy cojo. En profesiones como la educación infantil, primaria (cualquier carrera dirigida a la enseñanza), o en el ámbito de la salud, incluso en el mundo de la abogacía, los Recursos Humanos, de lo social...y me dejo muchas (ingenierías, por ejemplo) porque en realidad es en cualquier ámbito, esto, aprender a sentir(me) y sentir a mi cliente, a mi alumno/a, paciente, no es una asignatura de las que llaman obligatorias. 

Es la base de la comunicación empática, son los cimientos desde los cuales construir una relación humana que hace que todo lo demás sea mucho más efectivo, rico, que llegue con mucha más fuerza y sea auténtico. ¿Os imagináis cómo sería la enseñanza, la medicina, la empresa, la abogacía, si antes de aplicar las normas, contenidos, tratamientos, leyes, etc...se estableciese esa base emocional, esa conexión a través de la cual el otro se sintiera escuchado, sentido, acogido? 

Para mí esa es la base del Liderazgo Personal y Emocional: 

Un líder permite sentirse, se escucha y acoge lo que siente. Es coherente con ese sentir (esa es para mí la auténtica coherencia), no lo juzga, se comprende...y desde ahí surgen esas otras actitudes que valoramos en las personas líderes: la coherencia, la empatía, la conexión. 

Por eso....

Yo, mi, me...Contigo. 


martes, 11 de octubre de 2016

La desilusión, la llave para que nazca la verdadera Ilusión.


Somos adictos a las emociones. Si, nos han enseñado a vivir buscando emociones que nos hagan sentir vivos, sin esos "chutes" emocionales, nuestra vida se torna monótona, aburrida. Cuando nos involucramos, por ejemplo en un proyecto, en una relación, nos sentimos vivos porque aparece esa emoción de "enamoramiento", esas mariposas en el estómago que nos hacen vivir como en una nube, hacen que nuestra piel esté radiante, la sonrisa más brillante que nunca...estamos ilusionados, creemos en este proyecto, relación. Nos encanta esa persona, soñamos con llegar muy lejos con ese proyecto...

En realidad lo que sentimos es pura química, que viene desencadenada por una seria de pensamientos y creencias que están en nuestro inconsciente y que nos hacen sentir todo ese torrente emocional. Pero llega un momento en que esa descarga química comienza a disminuir, comenzamos a ver cosas, situaciones o actitudes en nuestro compañero/a de proyecto, dificultades a la hora de desarrollarlo, por ejemplo, o nos damos cuenta de que la personas de la que nos hemos enamorado no es tan perfecta como en un principio nos parecía. Entonces surge la desilusión. 

Y en ese momento, cuando ya no existe ese torrente emocional, empezamos a pensar que nos hemos equivocado. Que ese no es el compañero/a de viaje, le pedimos que cambie, que sea de esa manera que yo me había imaginado que era...comenzamos a distanciarnos, a buscar excusas o culpables...Ese proyecto en común ya no vale, ni las personas con las que lo creé eran como yo pensaba, me siento decepcionada/o...echamos balones fuera. No pensamos que este camino de la desilusión es natural, necesario y perfecto para que luego vuelva a surgir la ilusión. Una ilusión que re-nacerá desde la verdad. Es realmente en ese momento, cuando puede surgir la verdadera colaboración, un amor auténtico, se van las nubes de la química emocional y comienza a aparecer un cielo azul , radiante, sereno ¿Qué quiero contarte con esto?

Pues que la desilusión, es la puerta para no sufrir, para no tener que deshacer después de mucho tiempo, de muchas críticas, conflictos...aquello que realmente no sentíamos o hacíamos desde un sitio que nos limitaba, que era más una necesidad, exigencia, obligación, que un deseo verdadero, puro. Nos abre a ver aquello que en un principio no habíamos visto porque está en nuestro inconsciente. Lo que me desilusiona son creencias viejas, limitantes que gracias a esa emoción de contracción ahora tengo la oportunidad de ver.  Quizás salgan a la luz creencias que hacen que vea mi vida desde la dependencia, pensando que es otra persona quien puede "hacerme feliz", o puede que ese proyecto esté iniciado desde una energía de victimismo, o que haya buscado un compañero de viaje que siento que va a "protegerme"...o quizás es una idea que realmente no me ilusiona pero a la cual no he sabido decir que no por el qué dirán...De todo esto y de mucho más nos habla la desilusión. Y si en vez de mirar hacia fuera cuando esta llega, cambio la dirección de mi mirada y observo lo que me está ocurriendo, acojo esa energía de desilusión y buceo en ella, aparecerán esos creencias ocultas, esos saboteadores, a los cuales podré mirar de frente, reconocer y desde ahí, esta vez sí, podré decidir si seguir, dejarlo...

Y será desde otra energía, estarás en otro punto. Habrás madurado, crecido como persona. Ahora sí, puede que resurja la ilusión, el entusiasmo. Y será una energía pura, limpia. Será una ilusión desde la verdad. Y así, así nacen los grandes sueños.