miércoles, 28 de junio de 2017

No es magia...eres Tu, Siendo.

Cada cierto tiempo, después de que hayan pasado unas semanitas de mi último post en el blog, comienza a aparecer en mi mente una vocecita que dice "Julia, que ya toca escribir, que no puedes dejar más de un mes sin noticias tuyas en el blog...venga ponte, que sino las personas que te leen se van a olvidar de ti o van a decir que eres una informal...". Y yo en un principio me pongo nerviosa, busco, pienso, me siento a ver qué sale, porque tengo que hacerlo ya, no puede pasar más tiempo. 

Y cuando paro, me escucho y sobre todo, me siento, veo que esa voz viene de alguno de esos programas que tenemos instalados y que buscan que me sigan "viendo", reconociendo, valorando, por lo que hago, por mi trabajo. Busco esa valoración y reconocimiento, que yo NO me estoy dando a mí misma! Por eso, cuando escribo desde ahí, no llego, no alcanzo las expectativas que quiero y me frustro. Porque desde donde estoy actuando es desde mi necesidad a que los demás me den, lo que Yo no me estoy dando. 

Y esto que ocurre con un post, sucede por ejemplo cuando organizamos un evento, un curso, hacemos nuestra web, un currículum, presentamos una candidatura o un proyecto en nuestra empresa o como emprendedores...para que nos vean, nos dé prestigio, reconocimiento y desde ahí, siempre hay carencia, necesidad, mucho, mucho esfuerzo. Y entonces...¿cómo lo hacermos o para qué? 

Mi experiencia, lo que yo vivo, es que escribir un post, crear eventos, la web, el proyecto propuesto...etc tiene que ser una consecuencia y el resultado de haber hecho o más bien de vivir antes algo: el entusiasmo, el enamorarte de lo que eres, de lo que haces, sentir que ese proyecto, eso que tú estás haciendo y que forma parte de tí, es lo más grande, que te apasiona tu trabajo, que es importante para el mundo que tú estés ahí con ese proyecto, porque existe en tí un reconocimiento y una validación de lo que ERES, que no necesita del OK de los demás, que no se viene abajo si en un momento no hay reconocimiento externo, ni recibe un No por respuesta. Es tan grande eso que sientes, que sabes que ni siquiera es tuyo, sino que es una sensación de estar conectada a algo más grande que tu que te guía, te sostiene, que te hace seguir, es un impulso interno, como una luz interior que te hace caminar, con seguirdad absoluta en caminos de incertidumbre total, que te impulsa a lugares quizás nunca imaginados, que te hace recalcular y cambiar de objetivos, metas, con absoluta confianza y tranquilidad de que es ese el camino...y que a veces te trae dudas, miedos, vacío...pero si sueltas y aceptas, sigues, confias y...aparece la magia. 

Mejor dicho, no es magia, es energía. Porque cuando vives tus proyectos así, con ese entusiasmo,  no tienes que ir a buscar oportunidades ¡ellas te encuentran a tí! No necesitas hacer nada para que te vean, te contraten, te reconozcan. Cuando el entusiasmo, la pasión, el reconocimiento y la validación de lo que eres y haces viene de tí, tu nivel de vibración es tan alto, que a tu vida atraes cosas, personas, oportunidades que están a ese nivel y entonces dices que ha sucedido algo increible, mágico...

Pues no es magia. Eres tú vibrando en una energía de entusiasmo, pasión, confianza, belleza, eres tu, Siendo. 

miércoles, 7 de junio de 2017

Sentir

Cuánto cuesta sentirse...parece tan sencillo. La inteligencia emocional está presente en muchos ámbitos, en la empresa, en el aula, en la familia, en los medios de comunicación...se habla de emociones y de lo importante que es conocer esos estados emocionales para poder gestionarlos y vivir con mayor bienestar. Y son avances estupendos y ahora toca dar un paso más. 

Hablamos de emociones, proponemos teorías acerca de ellas, damos pautas para gestionarlas...y yo siempre digo en los encuentros que realizo que las emociones no se piensan, se sienten. Y eso no nos es tan fácil. Porque sentir comienza en el cuerpo. Las emociones se sienten en nuestro cuerpo cuando se nos encoge el estómago, se tensa nuestro cuello, se cierra la garganta, la cabeza parece que nos estalla, nos sudan las manos...avisos a veces sutiles, a veces tan evidentes que si no les escuchamos llegan en forma de contracturas, tics, enfermedades...


Hasta hace poquito tiempo, yo pensaba que sabía sentirme. Y me he dado cuenta de que no...yo pensaba mis emociones y era bastante experta en auto-engañarme. Si, porque para sentir, hay que ser valiente, tomar como cómplice a tu cuerpo y estar despierta. Llevo tanto tiempo tratando de controlar lo que siento, camuflarlo, justificarlo...que cuando decides volver a tu cuerpo, escucharle, no sabes muy bien cómo. Es como comenzar a hablar un nuevo idioma, el de las sensaciones de tu cuerpo, un lenguaje universal que nunca miente.

He buscado herramientas que me llevasen a vivir con mayor bienestar, en el aquí y ahora, con serenidad, calma...y me doy cuenta de que no hay herramientas, ni fórmulas mágicas, que la clave está en sentirme. Cada vez que soy capaz de ir a mi cuerpo, observarle y sentir...estoy dando pasos de gigante hacia mi bienestar, estoy siento sincera conmigo, recibiendo a mi emoción, sin escaqueo, sin justificación, con humildad y sin prisas, sin expectativas. 

Si, si, sin prisas ni expectativas.  No se trata de sentir para que la emoción se vaya cuanto antes, sino de estar ahí con ella, darla espacio, acogerla...y escucharla. Porque las emociones vienen para darnos un mensaje, para que las escuchemos. Sólo entonces desaparecen. 

El problema está en que nos enganchamos a ellas, creemos que somos la culpa, la rabia, la frustración, el miedo, la envidia, los celos...incluso a veces, necesitamos ese "chute emocional" para sentirnos vivas/os y no, no somos nuestras emociones. Esas emociones que sentimos son tan sólo energía, pero al juzgar lo que sentimos, se convierte en una energía con carga, pesada, que no nos permite fluir, vivir ligeros, actualizados. 

Y aquí está lo más potente. Ser consciente de que esa rabia que siento es tan sólo una energía que está mal direccionada. No es una energía que tengo que enfocar hacia el otro, hacia quien yo creo que es el culpable de lo que siento, es una energía que pide ser dirigida hacia otros lugar, para otro fin que no es el de tratar de hacer cambiar al otro para yo sentirme bien. ¿Sabes? las emociones siempre, siempre, hablan de mi. Son un mensaje para mí, nada tienen que ver con la pareja, mi jefe, mis hijos/as, mis compañeros de trabajo, los políticos....y es que todo lo que yo siento, todo, son emociones que traen un mensaje para mí. 

Y cuando llegas a este punto...dejas de echar balones fuera. Ya no hay espacio para esa Julia víctima, sólo queda, abrir bien tus sentidos, escuchar a tu cuerpo, activar ese observador que todos y todas llevamos dentro, que nos permite sentir a flor de piel, recibiendo todo tipo de matices, eso si, siendo consciente de que tú no eres esa emoción, eres mucho más que eso y que eso, es un mensaje, tan sólo eso. Es en este punto, cuando te conviertes en un ávido observador de lo que pasa por dentro, cuando te tornas conquistador de tu sentir, cuando comienzas a descifrar esos mensajes que son sólo para ti.

Es entonces, cuando comienzas a vivir el bien-estar, la serenidad, la calma. Porque vivir presente, aquí y ahora, serena/o, en armonía, no es un fin, no es un objetivo, es la consecuencia de aprender a sentirte, escucharte, validar ese mensaje que trae tu emoción...y soltar, dejar ir, a su ritmo, sin presión ni expectativas,,,a tu mensajero. 

                                                            ¿Te atreves a sentir?

martes, 11 de abril de 2017

Quitarse del medio y...Confiar.

Hace tiempo que comencé este camino de auto conocimiento. En realidad, llevo toda la vida en ello. Sólo que ahora estoy mas despierta y lo que antes hacía de manera inconsciente y me traía sufrimiento, ahora comienzo a verlo desde otro lugar, con más claridad y de forma más serena. 

Creo que la palabra que define lo que ahora siento es Confianza. 


Estoy aprendiendo a confiar en la vida. He soltado unas cuantas cuerdas que sujetaba con fuerza con la certeza de que si las soltaba la vida se me desmoronaba. Era como si tuviese claro que tirando de ellas aunque fuese con esfuerzo, con mucho esfuerzo, todo estaba controlado. Como si yo pudiese controlar mi vida, Y así he vivido mucho tiempo. Creyendo que esas cuerdas eran mi garantía de seguridad, mi mayor herramienta para sentir que la vida estaba en mis manos. 

Y como todo tiene un precio, yo pagué con esfuerzo y mucho, esa sensación de seguridad y control...hasta que me quedé sin fuerzas. Y me rendí. 

Las cosas no pasan de la noche a la mañana, todo es un proceso, con noches que unas veces traen una preciosa luna llena, brillante, que ilumina casi más que un sol de invierno, otras veces tímidas estrellas asoman tras nubes oscuras y juguetonas...y si, hay noches oscuras, donde por más que te empeñas no ves nada, parece que todo ha desaparecido, que es imposible que tras esa noche oscura y ciega pueda haber un día, un mañana. 

Y así, con este ir y venir de noches y días fui encontrando un camino. Dando pasos pequeños, probando ritmos para encontrar aquel donde mi caminar fuese fluido. Me adentré en lugares donde sentí miedo y volví atrás con la certeza de no seguir (los sigo encontrando y benditos sean)...pero después de sentir mi miedo, de escucharle, mis pasos se hicieron más confiados y pude (y puedo) dar gracias por mi nueva "conquista". Encontré, en este caminar, espacios de calma, de juego y disfrute, de enorme belleza, de amor, de gratitud, expansión...y otros donde había rencor, frustración, rabia, tristeza, envidia...y sabes, también eran bellos, tenían y tienen la misma esencia, son lugares de enorme potencial, también en ellos, si sabes mirar, hay brillo.

Sigo caminando, hacia dentro, hacia mí. Y cuantos más pasos doy, mayor es la sensación de que por más que me empeñe, por más que sujete con fuerza esas cuerdas...la vida no va de eso. Ese no es un ancla segura. Y cuando pruebas a soltar cuerdas, expectativas..uf, tras un abismo de miedo inmediato, llega esa sensación de confianza, porque la vida siempre te sostiene. Te das por vencida, aceptando lo que Es y te quitas del medio. 

Para mí, cada vez con más fuerza, la vida consiste en eso, en quitarse del medio. En dejar de creer que yo puedo controlar mi vida, dirigirla a mi antojo. De lo que no soy consciente es de que esa es la mayor de mis cárceles. Porque lleva los barrotes del miedo, del sufrimiento, de las expectativas, del control. 

No siempre lo consigo, la vida es un campo de entrenamiento constante, hasta el final, pero cuando soy capaz del soltar, de quitarme del medio y confiar en la vida, entonces aparece la magia del baile sentido, fluido y la noche oscura da paso al mas bello amanecer. 


"Cuando me siento pequeña y 
cansada, subo al ático de mi
interior. Es una sala amplia, con 
ventanales. Abro las ventanas y 
una vista grandiosa y espectacular 
del cielo nocturno se abre ante mi. 
Puedo contemplar la Vía láctea y 
si alargo la mano...hasta tocar las 
estrellas que con sus parpadeos 
me invitan a unirme a su magia"

Rosetta Forner

lunes, 27 de marzo de 2017

Bailar la Vida, Vivir el Baile

A veces sentimos que nuestra vida no fluye…queremos avanzar, seguir, vivir sin esa sensación de estar continuamente tirando de una cuerda, en un constante esfuerzo…es como si viviésemos descompasados, sin encontrar el ritmo que nos invita a vivir más livianos, sin tanta carga.

Y es que en este “trajín” del día a día, no tenemos tiempo para escuchar el baile que la vida nos marca, ese que suena hoy, en este momento, ese que si escucháramos y comenzásemos a bailar, nos llevaría a vivir sin tanto esfuerzo, con sensación de fluidez, libre de tanta carga.

¿Y qué necesitamos para bailar ese baile que la vida nos marca? En primer lugar, escuchar(nos), sentir su ritmo, su melodía y en segundo lugar, aceptar que ese es el baile de mi vida hoy. Y es que sentimos que nos atascamos y vamos descompasados cuando nos empeñamos en bailar otro baile. Cuando en vez de escuchar nuestro ritmo y seguirlo, sin juicio, nos empeñamos en bailar aquello que está de moda, que nos dicen que es el baile “por excelencia”, o vemos a otros/as bailando “su” baile y queremos bailar “ese” baile también.

Imagínate cómo será tu vida, si en vez de vivir bailando tango, que es el ritmo que la vida te marca hoy, te empeñas en vivir tu día a día moviéndote con pasos de rock and roll  ¿verdad que sentirías que algo va mal, que no te encuentras cómoda/o, que tu vida no fluye? Y qué me dices si lo que a ti te parece “glamuroso” es el ballet y te empeñas en moverte al ritmo del lago de los cisnes…y en tu vida suena música de reggaetón! No sería muy coherente ¿verdad?

Empeñados en buscar fuera manuales, herramientas mágicas, que nos ayuden a encontrar nuestro bienestar personal, que nos saquen de sufrimientos, que nos den por la fórmula “mágica” para solucionar nuestros problemas en el trabajo, la pareja, con nuestros hijos/as…probamos y nos dejamos llevar por el consejo de moda, por lo que dicen que solucionará nuestra vida…y cuando no nos sirve y vemos que no llegamos a conseguir lo que queríamos o a los objetivos a los que otros/as han llegado…nos frustramos. Y es que esas propuestas, esas herramientas, son suyas, ese es su baile y es perfecto para ella o para él, pero no es el tuyo.

Aprender a escuchar y aceptar nuestro baile, para después actuar desde ahí es el paso más importante para vivir una vida coherente, fluida, auténtica. Escucharnos, sentirnos, aceptar dónde estamos (desbordados/as por una situación concreta, cansada y sin ganas en este momento de jugar con mi hija/o, sin ganas de salir hoy de cena con mi pareja…) sin juzgarlo, sólo aceptando que eso es lo que en este momento siento, es el primer paso para una vida coherente y madura.

Esto requiere una mirada hacia dentro, siendo conscientes de que el único manual de instrucciones está en mí y se está actualizando continuamente, en cada instante. Esto te permite ser flexible, ir más allá de valores, principios, creencias que nos vuelven rígidos. Cada momento de mi vida tiene un baile, que aunque a veces no me guste o piense que no es el adecuado para mí, cuanto más practique y me deje llevar por él, por la vida, más crecerá mi confianza en que es el perfecto para mí hoy. Cuando aprendas a bailar la vida y vivir tu baile, el tuyo, que es único y perfecto para ti hoy, sin compararte con otros, sin vivir bailando bailes que son de otros/as, la sensación de fluidez, de expansión será cada vez mayor.

Eso si, recuerda que para vivir tu baile, a veces es necesario “engancharte” al ritmo de otros/as, querer “vivir” otros ritmos que no te tocan…sólo así podrás parar y regresar de nuevo a tu baile, tu música, tu ser.


Esto que estás leyendo, está escrito también siguiendo un ritmo, mi baile. Por eso, te invito a que si algo de esto te ha resonado, lo experimentes. Sólo así podrás “escanearlo” por tu propia piel, sentirlo, vivirlo. Sólo así encontrarás la música, el baile de tu vida, hoy. Quien sabe si mañana ese tango se vuelva un vals, una rumba o puro rock and roll. ¿Bailamos?

jueves, 12 de enero de 2017

Cambiar "otra vez" por "a través"

No nos gustan los problemas. Huimos de los conflictos. Una de las frases que más escucho en el día a día es "deja, deja, que yo no quiero líos..." y en el caso en el que éstos surjan, o alguien nos cuente sus problemas, el objetivo es buscar una solución, acabar con el problema cuanto antes. Entonces aparece el ¿Qué vas a hacer? ¿qué solución ves? nos vamos a nuestra mente y pensamos, buscamos respuestas rápidas, damos vueltas una y otra vez, queremos salir de ahí cuanto antes...

Y no sé si a tí te sucede, pero hay conflictos, problemas, que parece que se solucionan (con la pareja, en el trabajo, con tus hijos/as, con tu madre o tu padre, compañeros de oficina, de aula, etc.) pero que cada cierto tiempo vuelven a aparecer, es como vivir en una rueda del hasmter, que además te frustra y te hace sentir cansancio e impotencia, porque cuando ya creías que estaba todo solucionado, que tú habías encontrado la solución a ese conflicto y que todo estaba ya "bajo control", vuelve de nuevo el problema. Quizás sea con la misma persona con la que el conflicto se generó o con otra distinta, quizás dejaste tu anterior trabajo por ese jefe "tóxico" que ya no soportabas más y resulta que en este nuevo trabajo, hay otro jefe/a tóxica, o en este caso es un compañero/a, o quizás hayas dejado claras las cosas a tu pareja, pero como en el día de la marmota, eso que no soportas de él o ella, vuelve a repetirse al poco tiempo...ya estamos "otra vez". 

Y es que quizás tengamos que cambiar el "otra vez" por el "a través". No son los problemas en sí lo que no nos gusta, en realidad lo que queremos evitar a toda costa es seguir sintiendo lo que sentimos. Es lo que ese conflicto nos hace sentir lo que no soportamos y buscamos soluciones en nuestra mente rápidamente para dejar de sentir-nos así, queremos estar tranquilas/os, serenos/as, ese es nuestro objetivo principal. Te suena eso de "yo no quiero problemas, lo único que quiero es estar tranquila/o".

El "otra vez" vuelve porque en ese conflicto que ha surgido, en vez de bucear, atravesar esa experiencia para mirar dentro, en lo profundo de mi, tomar conciencia de esa emoción y lo que me está queriendo decir a mí (no del otro), decido quedarme en la superficie, en el hecho concreto, sin ir más allá y buscar en mi mente una solución rápida. Que además tiene como consecuencia, que yo eche balones fuera y etiquete al otro/a de "tóxico", "egoísta", "broncas", "desconsiderado/a"...

Sin embargo el "a través" invita al sincericidio. Si en vez de ver el conflicto como un problema, como algo a evitar y de donde quiero salir rápidamente, aplicando soluciones de salen de mi mente, de creencias antiguas, pasadas, que tan sólo me permiten percibir y solucionar las cosas de forma distorsionada, quedándome en el juicio hacia mí o hacia el otro/a, si en vez de eso, elijo remangarme, coger aire, respirar y bucear dentro de mi, vivir esa experiencia con todos los matices, escuchar lo que me está haciendo sentir, por incómodo que me parezca, siendo radicalemente sincera conmigo (porque este conflicto va conmigo, no con la otra persona/as), sin tratar de buscar soluciones, sencillamente quiero ver, sentirme, observar desde qué percepción estoy viendo esta experiencia, qué está diciéndome a mí. Cuando me permito esto...como si de magia se tratara, ya no veo el conflicto como algo a evitar, sino que veo en ello una oportunidad para conocerme un poquito más, para ser una versión más expandida de mí, ya no existen en mi vida personas tóxicas de las que tenga que alejarme, tan sólo oportunidades. 

Y entonces poquito a poco, cambiando el "otra vez" por el "a través", comienza a instalarse en mi vida la tranquilidad, la serenidad. No como un objetivo que alcanzar, sino como consecuencia de ese trabajo de profundidad, de sincericidio conmigo. Porque si hay un aliado perfecto para el "otra vez", para que esa rueda del hamster siga girando una y otra vez, lanzando etiquetas que tan sólo me dejan atado a lo viejo (a mí y al otro/a) ese es el auto-engaño. 

Para salir de ahí, qué tal si cambiamos el "otra vez" por el "a través"? 

PD: Esta propuesta es para Valientes, para aquellas personas que están dispuestas a mirarse, a sentirse, a ser radicalmentete sinceras, y lo que a mí me resulta más complicado, que están dispuesta a poner amor incondicional por encima de todo hacia ellas mismas. Que dejen a un lado los juicios, las críticas, los sabotajes. Escucho muchas veces que este camino de descubrimiento y desarrollo personal es un camino duro, sale mucha "basura" de dentro...y esto es así si a todo lo que vemos, a cada sincericidio que hacemos le aplicamos la espada del juicio y nos quedamos ahí. El otro camino es el del amor incondicional, el de comprender que eso que acabo de ver de mí es maravilloso, porque como en otras ocasiones hemos compartido "si no se ve, no se va". 

Te atreves a experimentas, a vivir, a sentir? A través!!